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El sexo de la mujer

edeamor

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Dic
31
2012

El amor de una mujer hacia su marido debe ser siempre puro. Porque muchas mujeres se casan con hombres por intereses económicos: ya sea para que el esposo las mantenga en sus necesidades corporales, materiales; ya sea para conseguir algo para pasar la vida; ya sea por otras razones en las que siempre está en juego lo económico.

La mujer debe buscar al hombre para formar con él una familia estable. En esa familia habrán hijos. Y esos hijos deben ser educados según las leyes de Dios. Esto debe ser así, pero esto es lo que menos se hace.

Muchas mujeres van al matrimonio con otros ideales que formar una familia. Son muy variados esos ideales, que generalmente son incompatibles con la formación de la familia.

La mujer puede trabajar, la mujer puede estudiar, la mujer puede hacer muchas cosas, pero siempre estará sometida a su maternidad. Lo primero en ella es ser madre. Y todo lo demás debe acomodarse a esa maternidad. Porque la mujer se define como madre, no como persona que trabaja, o que estudia, etc. La mujer es madre. Y todo va bien si la mujer cumple con su función.

Pero muchas mujeres olvidan lo que son, y entonces se convierten en hombres, porque quieren realizar lo propio del varón. Y confunden, por tanto, una cosa con la otra.

En la mujer está el amor. Esto supone que ella debe descubrir ese amor para poderlo dar a los demás, especialmente al hombre. La mujer enseña al hombre a amar, pero esto supone que la mujer antes ama. Porque no se da lo que nunca se ha dado por desconocerlo. Una vez que se conoce, entonces se da.

La mujer que ama pone al hombre al frente de la familia, porque sabe que él es la cabeza. En él Dios ha puesto su Voluntad y, por tanto, sabe que obedeciendo al hombre, la mujer construye bien su familia. Pero la mujer que ama a un hombre que no sabe ser cabeza, entonces le dirije hacia la verdad poniéndose ella como cabeza, sin serlo.

Una mujer que tiene un hombre que se pierde en el pecado, sabe que ese hombre no puede ser cabeza. Entonces, ella es la cabeza. Pero no se impone en la familia. Sino que sabe ser cabeza sin mandar. Deja al hombre que diga, pero como sabe que algunas veces el hombre manda mal, por el pecado, ella debe rectificar eso poniendo la verdad. Esto no significa enfrentarse al marido, sino hacerle ver que se equivoca en ese mandato. De esta forma, ella es cabeza cuando la cabeza no sabe mandar. Pero ella no se pone como cabeza, sino que corrige con dulzura los errores de la cabeza. La cabeza, que es el hombre, es siempre cabeza. No le quita al hombre su puesto, sino que le ayuda a ser verdadero en su puesto. Esto es muy delicado en la relación de familia, y muchas mujeres no lo saben hacer bien. Por eso, hay muchos enfrentamientos entre mujer y hombre. Porque ambos pierden sus papeles y no saben corregir bien los errores del otro. Cada uno en su puesto debe ayudar al otro a realizar su función. Si esta ayuda del uno al otro no se realiza, al final el matrimonio y la familia se autodestruyen.

La mujer es la que más sufre en el matrimonio y en la vida familiar. Y no sólo por ser madre y traer hijos al mundo. Sino porque ella se da cuenta enseguida, por su instinto de mujer, de los problemas de su esposo.

Un esposo dado al pecado hace del matrimonio y de la familia un infierno. Y esto la mujer lo sufre, tanto en su carne como en su espíritu. No es agradable estar con un hombre que constantemente usa a su mujer como un objeto de placer. Un hombre que sólo quiere penertar y derramar, pero que carece de cariño, de delicadeza, de amor; un hombre que busca en el sexo siempre cosas que no se pueden hacer; un hombre que, aun siendo trabajador, es sin embargo, carnal… y muy carnal.

La mujer, en su contacto con el hombre, al punto se da cuenta de cómo es el hombre. Si el hombre sólo busca saciar su apetito sexual, la mujer al final aborrece a ese hombre, porque no encuentra en él ningún placer. Si el hombre busca el sexo pero de formas no comunes, también la mujer acaba cansándose de ese hombre. El hombre carnal, al final, es aborrecido por la mujer. Porque la mujer va buscando en el hombre lo que ella no tiene. Ella tiene el amor, pero le falta para ser feliz lo que tiene el hombre.

El hombre tiene en su sexo la vida. Por eso, el hombre es activo en su sexo. La mujer, en su sexo, necesita la actividad, porque ella es pasiva en el sexo. Ella puede sentir sensaciones en su sexo, pero no sabe lo que es tener un sexo activo como el hombre. Entonces, la mujer busca al hombre para ser activa en el sexo. Esto se debe entender así: el sexo de la mujer está hecho para la maternidad.

La mujer es activa en el sexo cuando en su sexo se produce la maternidad. Eso es lo que le hace feliz a una mujer. También está la parte sexual. Es decir, ella desea la penetración del varón para ser activa, junto con el varón, en el sexo. Pero esta actividad sexual en la mujer debe culminar en la maternidad. Porque eso es lo que a ella le hace feliz: tener un hijo, ya que está hecha para eso.

Toda mujer que aborrece la maternidad está yendo contra lo que es ella misma, y está negando su sexo. Muchas mujeres buscan el placer sexual pero sin la finalidad del hijo. Podrán gozar de ese placer, pero en el fondo se quedan con un vacío. Porque la mujer ha sido hecha en su sexo para algo más que sentir un placer sexual. Ha sido hecha para ser madre. Y esto supera toda relación sexual por el mero placer.

Si la mujer se queda en el placer carnal, se hace carne, como el hombre, y no pone en juego lo que es ella: amor.

La mujer debe descubrir lo que es. Cuando lo hace, se pone en su puesto y no tiene miedo de nada, porque tiene a Dios que la conduce hacia la verdad de lo que es ella.

Muchas mujeres no saben lo que son porque se mueven por otros caminos, queriendo ser lo que no son. Y entonces ellas se pierden y pierden  a los hombres. Porque sólo buscan en ellos lo carnal, y no la vida que hay en ellos.

Cuando el amor que hay en una mujer se une a la vida que hay en un hombre, entonces el fruto es siempre la verdad. Y se hace una familia que camina en la verdad. Y una soceidad que anda tras la verdad. Y un mundo iluminado siempre por la verdad.

Pero cuando en la mujer está el placer carnal, y en el hombre está la muerte, entonces el fruto de eso es siempre la mentira. Y todo se construye para la autodestrucción.

El hombre es mentira cuando su semen lo derrama fuera de la vagina de la mujer. O cuando utiliza preservativos. O cuando se esteriliza para no tener hijos.

Y la mujer es carne cuando impide de todas las maneras posibles el hijo en sus entrañas. Entonces, la mujer es sólo un objeto sexual. Y se muestra así al hombre. Y esto la hacer ser infeliz.

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