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Es la mujer la que enseña a amar

edeamor

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Ene
01
2013

La mujer es amor. Y eso significa que Dios ha puesto en ella un don que hace que la mujer sea siempre amor. Pero el amor es distinto al deseo carnal.

El deseo carnal es buscar la carne, el placer carnal por el mero placer. No se busca a causa del amor, sino porque se quiere sentir en el cuerpo un placer en la carne.

El contacto de la vagina con el pene produce en la mujer un deseo carnal que hace que la mujer sienta cierto calor en su vagina. Ese calor produce en ella una segregación de líquido. En esa segregación, la vagina se prepara para recibir el esperma del hombre.

La penetración del varón en ella hace que la mujer desee el sexo del hombre. Una mujer carnal piensa siempre en la penetración. No puede captar el amor, porque tiende siempre a usar su carne y la carne del hombre como un objeto. No la usa movida por el amor. No la usa con amor, porque se centra en el deseo carnal.

Para diferenciar una cosa de otra es necesario primero estar con Dios y ser enseñados por Dios a amar. Muchas mujeres no poseen a Dios y preparan sus matrimonios al margen de Dios. Entonces esos matrimonios fracasan, porque están cerrados al amor.

Si la mujer no se abre al amor de Dios, es imposible que el hombre lo haga. El hombre no sabe amar. El hombre recibe el amor de una mujer. Si la mujer no se lo da, el hombre no ama. Esto debe entenderse de esta manera: el amor en una pareja nace de la mujer siempre. Según se comporte la mujer con el hombre, así será la relación entre la pareja. Si la mujer es espiritual, entonces va a encaminar a su marido hacia lo espiritual. Pero si la mujer es carnal, todo se quedará en la carne, porque el hombre buscará a su mujer según lo que es ella, según lo que ella le dé. Si ella le da amor, el hombre captará el amor en ella. Si ella le da carne, el hombre se comportará con su mujer como carne. Por eso, muchos hombres son carnales porque así son sus mujeres. Si la mujer desde el principio del noviazgo trata al hombre, no carnal, sino espiritualmente, entonces estará comportándose con él como ella es: como amor. Y el hombre la respetará en su cuerpo y no se acostará con ella antes del matrimonio. La mujer debe enseñar esto al hombre desde el primer encuentro con él. Si en este primer encuentro, la mujer se insinúa a él carnalmente, entonces el hombre la va a usar siempre como carne y no la va a respetar.

Ya en el matrimonio, la mujer debe seguir enseñando al hombre a amar. Porque el hombre en su sexo tiende siempre al deseo carnal. El deseo carnal en el hombre significa penetrar y derramar. Esto es el hombre en su sexo. Esto es lo que busca todo hombre cuando se encuentra con una mujer. El hombre no entiende de delicadezas, de cariño, de amor. El hombre se convierte en una bestia cuando está en la cama con una mujer. Si la mujer no le enseña a usar el sexo con amor, el hombre lo usará siempre como carne. Por eso, tantos hombres en matrimonios católicos que todavía no han aprendido la lección del amor. Y buscan en la relación con su mujer siempre saciar de una forma o de otra su placer carnal. El hombre si no derrama no estará satisfecho cuando está con una mujer. Por eso, el hombre es tan egoista con la mujer en la relación sexual con ella.

Pero la mujer en la cama es otra cosa. A ella también le gusta la penetración. Pero le acaba cansando una vez que comprueba que allí no hay amor, sino carne. La mujer capta en seguida si el hombre hace el sexo con ella por amor o por deseo carnal. Ella, como es amor, sabe lo que es la delicadeza del amor, los intereses del amor, el cariño del amor. Y cuando no lo siente en su hombre, entonces queda decepcionada y con un vacío. Ella da amor al hombre, pero no recibe amor. Y entonces queda confusa y perpleja.

Muchas mujeres deben comprender que Dios las hizo con este don del amor. Hay mujeres que sabiendo esto, sienten hacia algunos hombres como una atracción sexual. Esta atracción sexual es más fuerte que su fuerza espiritual, que está en ellas. Y entonces caen con ese hombre en la carne. Pero en su interior sienten la fuerza del amor y quieren a ese hombre con un deseo puro del amor. Pero ese deseo ya está mezclado por la caída en la carne. Entonces, ellas deben dejar la carne para rectificar y purificar el deseo que hay en ellas del amor. Si no hacen eso, la carne será más atrayente que el amor. Y entonces se harán carnales y morirá el amor en ellas.

La mujer en su relación con el hombre siente dos atracciones: la sexual y la del amor. Por la primera, la mujer desea la penetración. Pero por la segunda, la mujer desea amar de verdad a ese hombre. Si esta segunda fuerza es más fuerte que la primera, entonces la mujer esperará al matrimonio para acostarse con ese hombre. Pero si el deseo carnal es más fuerte que el amor, entonces inevitablemente caerán en la carne.

Una mujer debe ser fuerte en el amor para dominar la atracción sexual. Pero si la mujer no está con Dios, es imposible hacer esto.

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