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Análisis del amor en la pareja

edeamor

entreun hombreyunamujer

Ene
03
2013

El amor de un hombre hacia su mujer nace siempre de su corazón, un corazón lleno de amor, pero que se expresa de una forma poco común, es decir, no se expresa como amor, sino como placer.

El hombre es placer, no porque su cuerpo dé placer a la mujer, sino porque su razón da el placer al hombre.

La razón del hombre está hecha para investigar, para conocer aquello que no se puede conocer, para experimentar aquello que no se sabe experimentar. La razón busca para entender el placer, porque sin placer no se puede entender nada. Se entiende porque se gusta lo que se entiende. Pero no se entiende aquello que no se gusta, que no se saborea, que no hace nada más que provocar fastidio.

Por eso, el hombre ha nacido para investigar con placer, para realizar inventos con placer, para escribir con placer. Es decir, para hacerlo todo acompañado por el placer.

El hombre, por tanto, no sabe amar, sólo sabe experimentar placer, y en esa experiencia ve el amor. Pero no lo ve en sí mismo, sino que lo ve por el placer que experimenta.

El hombre, al actuar así pone de manifiesto que el placer lo envuelve, que el placer le lleva, que el placer es lo propio del hombre.

Entonces el hombre se da a la mujer en el placer y sólo en el placer. Si la besa, no es por amor, es por placer. Si la abraza, no es por amor, es por placer. Si está con ella en la cama, no es por amor, es por placer. Pero esto no signifique que el hombre no ame. Ama, pero antes busca el placer que el amor. Y esto es lo que le diferencia de la mujer.

La mujer ama al hombre sólo por amor, no por el placer. La mujer busca el amor en el hombre, busca darse a ese hombre, no tanto porque le dé placer con su cuerpo, sino por amor a él. Él es su hombre y entonces la mujer lo ama por ser su hombre, no porque encuentre en él nada placentero. Esto no significa que la mujer no busque también el placer, pero lo hace de diferente forma a como lo hace el hombre.

Entonces, el amor de enamoramiento en el hombre y la mujer, siendo un mismo amor, sin embargo se da en los dos de forma diferente.

El hombre, en su enamoramiento, busca a la mujer para abrazarla, besarla, porque ahí encuentra el placer que busca. Y en ese placer, el hombre da su amor a su enamorada.

Pero la mujer, en su enamoramiento, busca al hombre por lo que es, es decir, por ser un hombre. Y entonces lo ama por ser un hombre, independientemente de que ese hombre la bese o la abrace. Ella quiere a ese hombre porque le quiere, y sólo por eso. La mujer intuye el amor y lo da sin más. Pero el hombre no lo intuye, porque es razón, y la razón tiene que pensar para descubrir la cosa. Y, por eso, el hombre no ve el amor como lo ve la mujer.

La mujer ve su hombre y entonces comprende el amor. Pero el hombre ve su mujer y hasta que no la toque, no la ama, porque él cree que para amarla tiene que tocarla. Pero la mujer le basta ver a su hombre sin tocarlo para amarlo.

Esta diferencia en el amor de enamoramiento hace que el hombre y la mujer se muestren distintos uno al otro cuando están juntos. El hombre siempre estará apegado a la mujer buscando tocar, pero la mujer no, porque ya lo ama. Pero tanto uno como el otro se dan muestras de cariño porque es lo normal entre quienes se aman.

El hombre al buscar así a la mujer demuestra que ama poco, porque debe sentir el placer. Pero la mujer demuestra su amor grande porque sencillamente ama.

Pero cuando la mujer desea sentir el amor como lo siente el hombre, entonces deja de ser mujer y se comporta como el hombre, y entonces ya no hay amor en la pareja, porque la mujer ya no pone el amor, sino también el placer.

Es por esto que la mujer y el hombre se dan en la carne porque dejaron de amarse en el corazón. Es la mujer la que pone en el hombre el amor. Pero si la mujer no lo pone, entonces el hombre no puede ponerlo, porque él es placer, no amor. Y hasta que la mujer no sea mujer y se comporte como tal, el amor no puede existir porque sencillamente no se da.

Pero el amor se da aunque los dos busquen el placer, porque buscándolo se encuentra, pero es un amor que pasa un tiempo, no es eterno. Es un amor de una noche, pero no de todas las noches.

El amor de enamoramiento se diferencia del amor matrimonial en que éste tiene la carne, pero el otro no. Y, por tanto, el amor de enamoramiento es más genuino porque los dos buscan el amor, aunque también se dé el placer como desahogo a ese amor. Pero el amor matrimonial se centra más en el cuerpo, y entonces se diluye más el amor, porque el centro viene a ser el placer que ambos quieren y buscan.

Pero esto no es malo sino sólo consecuencia de lo que es el hombre y la mujer. Son dos para una sola carne. Son dos que se dan para un solo amor. Son dos, uno en el placer, y el otro en el amor, que encuentran un solo corazón donde amarse y darse placer uno al otro.

Pero esto así entendido hace que el amor de enamoramiento sea mejor en la expresión de lo que es el amor, porque ese amor es puro en todos los sentidos y nunca cansa, porque se da en el corazón, no en la carne. Lo que se da en la carne al final termina cansando. Pero el amor nunca cansa, porque es eterno en su felicidad. Siempre da algo nuevo a la otra persona. Siempre resucita con alguna cosa que es sólo vida en el amor.

El amor de enamoramiento, por tanto, es un amor que nace del corazón y que no se da sino en el corazón de ambos, y que tiene su recompensa en el desahogo del abrazo y del beso, como signo inconfundible del amor.

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