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Formas de seducir

edeamor

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Ene
12
2013

La forma como el ser humano entabla una relación es característica de él. No la tienen los animales y no es capaz el animal de hacer lo que hace el ser humano.

El hombre seduce a una mujer por su palabra. La mujer seduce a un hombre por su cuerpo. Son dos formas distintas y no es posible cambiarlas.

El hombre, aunque muestre su cuerpo a una mujer, nunca la seducirá. A la mujer le gustará el cuerpo del hombre, se sentirá atraída por ello, pero no quedará seducida por el hombre. Porque la mujer siempre espera del hombre su palabra, su halago, su mente, su deseo de hombre, expresado en sus palabras y en su contacto con ella.

La mujer, aunque hable al hombre, aunque diga su mente al hombre, y le llene de razones y de planes, nunca podrá seducir a un hombre, porque el hombre no atiende a las razones de una mujer sino a su cuerpo cuando quiere algo de ella.

Desde que el hombre es hombre, el ser humano sólo tiene esta forma de relacionarse uno con otro, cuando se trata de establecer una relación sexual. Porque en la relación sexual, la palabra del hombre está unida a su deseo carnal, y el cuerpo de la mujer está unido a su deseo carnal. No se pueden separar.

Cuando un hombre habla a una mujer para enamorarla, ya le está indicando a esa mujer su deseo carnal, su deseo de llevarla a la cama. Y cuando una mujer muestra su cuerpo a un hombre es para llevarlo a la cama con ella. Nunca una mujer tendrá éxito con un hombre si le quiere antes envolver en sus palabras de mujer. Porque la palabra de mujer no está unida a su deseo carnal de mujer. Una mujer no sabe seducir a un hombre con palabras, sino con su cuerpo. Y, cuando enseña el cuerpo, entonces la palabra de la mujer convence al hombre. Antes no.

El hombre seduce a una mujer porque en su razón ve que eso es bueno para su deseo carnal. Su deseo carnal le pide estar con una mujer. Entonces, se pone a buscarla y trama en su mente la forma de conquistarla y de hablarla. Primero, en el hombre, está el deseo carnal, después la forma como obrar ese deseo carnal.

Un hombre no va en busca de una mujer para amarla, sino para desearla, impulsado por su deseo de carne. En ese deseo carnal, el hombre usa sus palabras para decir a la mujer que la ama, pero en verdad está diciendo que quiere sexo con ella. Está usando su palabra para encubrir la verdad de su deseo carnal con una mentira. El hombre siempre miente a una mujer cuando se trata de sexo. No quiere decirla que quiere sexo directamente, para no asustar a la mujer. Se lo dice con rodeos, con mentiras, con halagos, con regalos materiales. Así son los homnbres y así siempre serán cuando se trata de acostarse con una mujer.

Una mujer seduce a un hombre con su cuerpo, no con su mente. Por eso, la mujer no ve con su razón que debe seducir a un hombre, sino que su cuerpo experimenta el deseo carnal y obra ese deseo. No planifica en su mente, no elige las palabras, sólamente, va en busca de ese hombre y le muestra su cuerpo. Por eso, la mujer es más directa que el hombre. Va al grano, no se anda con rodeos con un hombre. Si la mujer no experimenta ese deseo carnal, entonces, no hace nada. Le atraerá el hombre, hablará con él, pero no obrará. La mujer, en su deseo carnal, obra. El hombre, en su deseo carnal, planifica una obra. Son dos formas de relacionarse. Ambas válidas, porque así es el ser humano.

Por eso, en la mujer el deseo carnal es distinto al del hombre. El hombre desea ciegamente a una mujer, se centra en su deseo y, para obrarla, necesita planificar algo. Lo planifica de forma ciega, según se deseo de carne. No lo planifica porque ama a esa mujer, porque, en verdad, le interesa para su vida esa mujer. Lo planifica porque su deseo carnal le envuelve y no sabe salir de ese deseo carnal hasta que no se acuesta con esa mujer.

Un hombre que ama a una mujer, sabe dominar su deseo carnal, no es ciego en ese deseo carnal, y sabe esperar el momento adecuado para ese obrar ese deseo carnal. Pero un hombre que no ama a una mujer, sólo la desea y sólo se mueve en su deseo carnal. Y, por eso, es mentiroso con esa mujer para poder obrar su deseo carnal. El hombre que ama no miente a la mujer sino que le pone su deseo y espera que ella decida sobre ese deseo.

La mujer, en su deseo carnal, no es ciega. Por eso, va al grano con el hombre. Si en su vagina siente el deseo, su vagina lo obra sin más. Y si no lo obra es que, en verdad, la mujer no siente ese deseo carnal hacia el hombre. La mujer puede sentir su deseo carnal y no obrarlo, haciendo que el hombre espere su vagina. Pero esto lo hace la mujer cuando conoce a ese hombre y sabe cuándo hay que darle la vagina y cuándo no. Una mujer siempre sabe cuándo debe obrar su deseo carnal. No está ciega en su deseo carnal. El hombre siempre queda ciego en su deseo carnal. Por eso, el hombre siempre acaba buscando una mujer para resolver su deseo carnal.

Cuando un hombre y una mujer inician una relación sexual, entonces estas dos formas de seducción se unen y se hacen propias del otro. Porque ya el hombre no tendrá que seguir planificando, sino obrando lo que comenzó. Y la mujer atenderá más a la obra que a las palabras del hombre. La mujer comenzará a conocer al hombre por sus obras, no por sus palabras.

Por eso, en el comienzo de una relación sexual, la mujer no conoce al hombre. El hombre suele mentir mucho para seducir a una mujer. La mujer, en eso que habla el hombre, debe dirigir la conversación hacia lo que ella quiere, para conocer, en verdad a ese hombre, y no quedarse en el deseo carnal que todo hombre tiene ante una mujer.

El hombre, al comienzo de una relación, esconde su corazón a la mujer. No es claro con ella, porque sólo le interesa un rato de placer. No le interesa un compromiso, algo serio con ella.

Y la muer, al comienzo de una relación, no debe dejarse llevar por las palabras del hombre, sino que debe intentar penetrar en el corazón de ese hombre. Si no hace eso, siempre será engañada por el hombre. Y esa relación no le servirá en su vida de mujer.

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