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¿Los anticonceptivos ayudan a amarse?

preguntas

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Ene
24
2013

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¿Existe el sexo como energía interior en la persona? ¿Existen los derechos sexuales?

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Las parejas, cuando usan anticonceptivos en sus encuentros sexuales, nunca buscan un amor, sino un placer en el sexo.

Se quiere un sexo seguro, sin problemas de hijos, sin la carga de esperar y de tener un hijo. El hijo ya no se concibe por amor, sino por circunstancias en la vida. Y según la vida vaya caminando así se buscará o no un hijo.

Las parejas quieren vivir el placer sexual sin atarse a un compromiso en sus vidas. El hijo compromete una relación sexual, es una atadura, tanto para el hombre como para la mujer. Y con esa atadura, la vida cambia y ya no se puede hacer en el sexo lo que quiere la pareja.

Por tanto, se ven los diferentes anticonceptivos como una ayuda al amor en la pareja. Así se pueden amar y dedicarse al amor libres de cualquier atadura en la vida, libres de cualquier compromiso serio en la vida. La vida sexual es acomodarse al placer sexual y vivir de placeres y nada más.

Este planteamiento es tan común entre las parejas que decirles que al usar los anticonceptivos se están odiando uno al otro, es no entenderlo, es no verlo, es decirles algo que ellos no experimentan. Porque ellos contemplan el goce del sexo, pero no el odio, al usar los anticonceptivos.

Amar y odiar son obras, no son sentimientos, no son palabras, no son placeres en la vida. Se obra el amor o se obra el odio. Y, aunque en la obra, se goce y se pase bien, se da el odio sin más o el amor sin más.

El amor sexual, que es el que debe regir a la pareja, es para una vida sexual. Se ama para dar vida. Los anticonceptivos impiden la vida. Y, por tanto, obstaculizan el amor sexual. Sólo queda en la pareja el sentimiento, el gusto, el placer del contacto de los sexos. Pero no puede haber amor, sino que lo que queda es el odio. Si no se ama, se odia.

Todo aquello que impida la vida es odio. Y, aunque con la boca no se diga a la otra persona que se la odia, al usar un anticonceptivo, se obra ese odio en ella sin más. Se hace un daño al amor sexual que pide dar la vida. La vida está en el hombre y la da a la mujer cuando la penetra con su sexo. Y la mujer engendra una vida -dada por el hombre- en su vagina. Y eso es lo que se impide: lo natural del sexo, que es dar y engendrar la vida.

Y se busca la excusa, la razón, el motivo humano, natural, carnal, material para usar el anticonceptivo. Y se impone esa razón a la pareja como algo bueno para ella. Y, entonces, cuando los anticonceptivos se hacen una vida en la pareja, porque ya se usa el sexo sólo con anticonceptivos, entonces ya no puede darse el amor sexual en la pareja. La pareja obra el odio con sus sexos sin saberlo, sin decirse que se odian. Ellos gustan del placer del sexo, pero no se aman.

Ellos creen amarse y dicen con sus palabras que se aman. Pero para amar en el sexo hay que dar lo que está en el sexo. Y lo que está en el sexo es la vida, no es la muerte. La naturaleza del sexo es vida. El sexo está hecho para dar vida, para engendrar vida. Sólo se necesita de un pene y de una vagina para dar la vida y engendrarla. No hacen faltan los anticonceptivos para que el hombre y la mujer lleguen al amor de sus sexos, al amor sexual. Porque ya el propio sexo sabe amar sin usar de los anticonceptivos. El propio sexo sabe cuándo es fértil y cuándo no. Todo está escrito en el sexo, en la sexualidad del hombre. No hay que inventarse un sexo seguro, un sexo fácil, un sexo cómodo para amar a la otra persona.

Los anticonceptivos son una señal de que homnbre y mujer, en esa relación sexual, no se aman sexualmente. Se usan en el sexo, sienten cierto placer, cierta atracción entre ellos. Tienen sentimientos agradables, se gustan uno al otro, pero no se aman. Se odian. Y no conocen que se odian, porque no saben lo que es el amor.

El sexo sin el amor del corazón es sólo un tiempo para el placer carnal y para una vida acomodada a todo lo humano, natural, carnal, material de la vida. Una vida sin compromisos o con los mínimos compromisos. Una vida fácil, divertida, llena de placeres y de gustos humanos que no conducen a la verdad de la vida, sino que se quedan en la ilusión de amar a alguien sin comprometerse con ese alguien.

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