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El deseo de toda mujer

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Feb
14
2013

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El deseo de toda mujer es recibir el semen del hombre en su vagina. No sólo la mujer desea el placer que el pene le da, sino que va a lo que su vida sexual le pide: el semen.

Una mujer que no desea el semen del hombre no es capaz de amar a ese hombre, porque el semen del hombre define el amor del hombre a la mujer.

Un hombre ama a una mujer porque le da su semen, no porque le da el placer de su pene. El pene es el que está dentro de la vagina y hace la función de dar placer a la vagina. Pero el pene no ama a la vagina, porque amar no es dar placer, sino que amar es dar lo que es el hombre.

Un hombre es aquello que está en su semen, no es lo que el pene pueda trabajar en la mujer. La sexualidad es algo de la persona, no es algo del cuerpo o del órgano corporal o material. Se es hombre porque se está unido a un sexo que lleva la vida en él. Y se es mujer porque se recibe la vida del hombre, en su semen, y se engendra -de esa vida- una vida distinta al hombre y a la mujer.

Aquella mujer que rechace el semen, no ama al hombre ni se ama a sí misma como mujer. Sólo se acuesta con ese hombre, sólo tiene un poco de sexo con él, sólo busca el placer en ese hombre o aquello material que el hombre pueda darle.

La mujer que teme al semen es porque no ha comprendido lo que es su sexualidad. Su sexualidad sólo la ve de forma natural, humana, carnal, material, pero no la ve de forma espiritual.

El sexo, si no se comprende en el Espíritu, en la vida espiritual, entonces no se comprende lo que es el sexo para un hombre y una mujer.

El sexo para un hombre consiste en dar placer con su pene a una vagina y en derramar su semen en esa vagina. Eso es lo que define el acto sexual en un hombre. Todo hombre hace eso en una mujer. El hombre está hecho de esa manera para estar con una mujer.

Y la mujer, en su vida sexual, es la que recibe el pene en su vagina y recibe el semen del hombre en su vagina. Así se define la mujer en su sexo. Para eso está hecha la vagina y los ovarios de la mujer.

La vagina es para recibir el semen, no sólo es para recibir y obtener un placer del hombre. Una mujer que se quede en el placer de su vagina, no puede llegar al amor de su vagina.

La vagina está hecha para amar. El pene está hecho para dar placer. Son dos formas muy diferentes de ver el acto sexual. El hombre va a la cama para un placer. La mujer va a la cama para un amor. Buscar este amor es la tarea de la mujer cuando se acuesta con un hombre. Tarea de la mujer, no del hombre, porque el hombre sólo quiere el placer del momento. No busca el amor. Cuando obtiene su placer de hombre, entonces le da a la mujer, el derrame de su semen, que es su amor de hombre a la mujer. Es cómo el hombre ama a la mujer: dándole una vida en su semen. Amar es dar vida. Y eso es lo que hace el hombre en su orgasmo en la vagina: da una vida, da lo que es en su sexo, da su ser de hombre en el semen.

La mujer que rechaza el semen del hombre está rechazando el amor de ese hombre y la vida que trae ese amor. Inutiliza el amor del hombre, lo desprecia en su ser y en su sexualidad.

Un hombre es para la mujer un amor, no es sólo el objeto de un placer en su pene. La mujer quiere el pene para un amor en su vagina, no para quedarse en el placer de su vagina. Y ese amor significa para la mujer poner un camino al placer del hombre, para que aquello que derrama el hombre en su vagina, lo haga por amor, no por placer.

Son muchos los hombres que sólo derraman su semen como si fuera la vagina um cubo de basura. Ahí quedan los desechos del hombre. Hay que manchar la vagina de la mujer con el semen. Así son muchos hombres cuando se acuestan con las mujeres. Tienen a las mujeres como cubos de basura, como desperdicios de su vida, pero no como un amor en su vida.

La mujer tiene que enseñar al hombre a derramar por amor, para que el hombre no se quede en el derrame de su semen por puro placer. Esto es lo que cuesta a toda mujer, porque los hombres van a lo que van en la cama y les cuesta trabajo amar a una mujer, darle lo que esa mujer quiere en ese momento en la cama. Es más fácil moverse rápidamente en la vagina y acabar un acto sexual por el placer que se tiene, que atender los deseos de la mujer en su vagina. Los hombres no saben hacer eso porque descuidan su vida sexual y hacen de su sexo una conquista del placer, pero no una lucha por un amor.

Se ama a una mujer y se lucha por ese amor. No se lucha para obtener de ella un placer, sino para aprender de ella un amor. Esto es lo que todo hombre debería hacer cuando está en la cama con una mujer. Pero esto es lo que ningún hombre hace porque -tampoco- hay mujeres que enseñen el amor a los hombres. La mayoría de ellas se quedan en el placer del sexo y dan a los hombres lo que ellos quieren en el sexo, pero no son capaces de dirigirlos a la verdad de su sexo: que es el amor.

El amor es lo que define el acto sexual entre el hombre y la mujer. Un amor que el hombre da en su semen y un amor que la mujer busca en su vagina. Ese amor da como fruto una unión irrompible entre el hombre y la mujer. Si no se da este amor, toda relación entre hombre y mujer acaba por desaparecer un día u otro, porque no se da el amor sino el placer del momento, el sueño de una vida de placeres, de una vida feliz, de querer conquistar algo sin la fuerza del verdadero amor.

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