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La mujer como lujuria

efectoLa mujer es considerada por el hombre como placer. Y, de esta manera, el hombre busca a una mujer para encontrar un placer para su sexo.

Pero cuando la mujer es considerada como lujuria, el hombre no sólo se dedica a obtener un placer de ella para sí mismo, sino que obliga a la mujer a toda clase de posturas para alcanzar el placer que se obtiene por la lujuria.

Son diferentes placeres, porque son diferentes maneras de estar con una mujer en el hombre.

La mujer es lujuria para el hombre cuando éste desea no sólo derramar una vez, sino muchas en un mismo encuentro sexual.

El hombre no se satisface con un solo orgasmo en su sexo, sino que necesita otro o más. Cuando ocurre esto, entonces se da automáticamente la lujuria, el placer que busca la lujuria, que es distinto al placer que busca el sexo del hombre cuando penetra una mujer.

Penetrar una mujer por placer es en el hombre derramar una sola vez en ella, si este es el primer derrame en el hombre. Porque si ha derramado antes, ya sea en la masturbación, ya sea en otra mujer, entonces no se da esta penetración por placer, sino por lujuria.

En esta penetración por placer, hombre y mujer buscan el orgasmo en cada uno de ellos. Y en esa búsqueda se consigue un cierto placer en ambos.

Pero este placer es muy variado, depende de la intensidad de la penetración y de la postura que se elija.

En muchas ocasiones, la mujer queda con ansias de más placer sexual y pide al hombre más penetración en su vagina.

La mujer no suele alcanzar en la penetración por placer del hombre, el placer que ella quiere y, por tanto, quiere otra penetración. Y eso conduce a ambos a la penetración por lujuria.

En la penetración por lujuria, el hombre ya está satisfecho, pero no así la mujer. La mujer busca su placer y lo busca bien. Pero el hombre ya tuvo su placer y debe trabajar más para complacer la vagina de la mujer.

Una mujer que no conozca los deseos de su vagina y que, por tanto, no pida al hombre más trabajo en ella, siempre se va a quedar en la rutina del placer, y, con el tiempo, el encuentro sexual se irá acabando porque no se va a más en la penetración.

Penetrar una vagina supone un esfuerzo en el hombre constante.

El hombre suele descansar rápido en la mujer y no quiere hacer más.

La mujer tiene que obligar al hombre a más placer en su sexo, a poner en movimiento su sexo para dar a la mujer el placer que ella quiere.

Por eso, en toda relación sexual se debe ir a la lujuria siempre si se quiere satisfacer a una mujer.

Es una lujuria permitida si se hace para buscar el placer de la vagina, que es lo que importa en el sexo.

Ese placer vaginal produce que el pene tenga virilidad para dar a la mujer lo que ella quiere.
Un hombre no viril se cansa pronto de estar con una mujer. Pero un hombre viril es del agrado de cualquiera mujer, porque la mujer necesita sentir la fuerza del pene en su interior para alcanzar su placer vaginal.

Lo que vuelve loca a una mujer es la potencia del pene, no tanto su movimiento en ella. Sentir la dureza del miembro cuando se está moviendo dentro de ella. Es lo propio del deseo vaginal.

La vagina desea el miembro viril. La vagina no desea la caricia del hombre, ni sus besos, ni sus abrazos carnales, sino que sea levantada por el poder del hombre en su miembro.

Levantar la vagina debe ser el trabajo de todo pene que se precie en una mujer. Si el hombre no trabaja para dar a la mujer lo que ella quiere, el hombre no es viril, sino sólo un pobre hombre que se para en su propio placer de hombre.

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