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El espíritu humano

El hombre es espíritu, alma y cuerpo.

El hombre no es sólo una naturaleza compuesta de alma y cuerpo. Tiene un espíritu, que es un ser distinto a su alma y a su cuerpo.

El espíritu no pertenece al alma. El alma es algo espiritual, pero no es espíritu. El alma es creada por Dios y se une a un cuerpo. Pero el alma para vivir necesita del espíritu. Sin la vida del espíritu, el alma no podría realizar sus funciones, como pensar y obrar.

El pensamiento del alma y la voluntad del alma son algo accidental al alma, no son de la sustancia del alma. Y, por eso, el alma no vive de lo que piensa o de lo que obra, sino que necesita una vida para pensar y obrar. Esa vida se la da el espíritu, que es algo no creado, pero unido sustancialmente al alma.

Los hombres sólo atienden a sus razones para contemplar su naturaleza. Y no saben ver la realidad de su naturaleza como Dios lo ha revelado. El hombre interpreta su naturaleza humana según sus luces naturales y no puede comprender la verdadera naturaleza que sólo Dios puede explicar con su luz divina.

Por eso, el hombre no puede definirse sólo por un alma y un cuerpo. Si así fuera, el hombre no existiría, porque Dios no hace una inteligencia racional para una vida humana, ya que en toda vida humana hay algo más que la razón del hombre.

Dios da una inteligencia racional al hombre para un espíritu, no para el hombre. El hombre no sabe guiarse con su razón. No sabe pensar, no sabe meditar. No sabe hacerlo solo. Cree que lo hace solo, sin la ayuda de nadie. Y no sabe mover su pensamiento humano sin un espíritu.

Esta verdad tan clara no lo es para el hombre, porque el hombre vive inmerso en su humanidad. Y en la humanidad no capta el espíritu.

El espíritu es algo que no está en la humanidad. No está en el alma, no está en el cuerpo del hombre. No está en la vida del hombre. No está en las obras del hombre. No se ve por ninguna parte el espíritu y, sin embargo, el hombre está unido sustancialmente a un espíritu.

Es el espíritu el que da la vida al hombre, no sólo en su alma también en su cuerpo.

El espíritu lo mueve todo en el hombre, porque es la cabeza del hombre. La mente del hombre no es la cabeza del hombre. La mente sólo sirve para pensar, pero no guía la vida del hombre. El hombre piensa con su mente y obra lo que piensa, pero camina en la vida por el espíritu, no por lo que piensa u obra. El hombre cree que tiene la vida en su pensamiento, que con pensar algo bello o bonito, la vida va a ser diferente. Y no es así. No se vive lo que se piensa. No se vive de razones o de ideas bellas o positivas en la vida. Se vive por un espíritu. Y es el espíritu del hombre el que hace obrar y vivr al hombre en toda su vida humana.

El hombre es persona porque tiene un espíritu que lo guía. No es persona por que tenga una mente o una libertad humana o una voluntad humana. El hombre se hace persona en el espíritu y sólo en el espíritu. Sin espíritu, el hombre es sólo un animal sin inteligencia racional.

Es el espíritu lo que da valor a la mente del hombre, a su inteligemcia racional, a su luz natural que nace de su razón. Sin espíritu, el hombre no sería creado, sólo sería un animal más que tendría un conocimiento sentistivo, pero no racional de las cosas.

Dios ha dado al hombre una inteligencia espiritual, no sensitiva. Una inteligencia guiada por un espíritu para que pueda entender el Espíritu. Porque sin espíritu es imposible captar el mundo espiritual ni la vida espiritual.

El espíritu es para que el hombre camine en la verdad de lo que es. Para que el hombre obre la verdad de lo que es. Para que el hombre viva aquello que Dios quiere en su vida.

Por eso, Dios da al hombre siempre la libertad en su vida para aceptar la vida que viene del espíritu o quedarse en su planteamiento humano de lo que es la vida.

El espíritu, siendo cabeza del hombre, sin embargo, no obliga al hombre a vivir la vida que le ofrece el espíritu. Sino que lo deja en su libertad humana. Y en esa libertad le ayuda en toda su vida humana, pero no le muestra la verdad de su vida si el hombre no acepta al espíritu.

Por eso, el camino de salvación para el hombre es claro. Dios lo da a todo hombre en la misma creación del hombre. Pero Dios no obliga al hombre a nada sin su libertad humana.

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