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El Ser del Espíritu

El Espíritu es un ser que no es del hombre, ni del ángel, ni del demonio, sino que pertenece sólo a Dios. Dios pone su Espíritu en las criaturas, pero las criaturas no saben guiar el Espíritu.

Lo que pone Dios en cada criatura es algo que proviene del Espíritu. No es el mismo Espíritu, pero su esencia es la misma. Es algo derramado del Espíritu, algo que fluye del mismo Espíritu.

Sin Espíritu, la criatura inteligente no existe. Sólo existirían aquellas criaturas que no tienen una inteligencia y que se mueven por los sentidos o que tienen una vida básica en el existir, como son los animales, plantas, y los diferentes seres de la creación.

No se puede comprender el Espíritu, porque no es algo de la Creación. Sólo pertenece a Dios. Está fuera de lo creado por Dios. Ni el ángel, ni el hombre, ni el demonio son espíritus, pero poseen un espíritu que fluye del Espíritu.

Es con el Espíritu cómo Dios se relaciona con las criaturas y las hace dependientes a Él. Porque Dios no se puede relacionar con nada ni con nadie. Dios es el que Es. Y no necesita de nada ni de nadie para vivir, para amar, para conocer. Sin embargo, Dios crea diversas criaturas que no necesita. Y las crea por Amor, no porque las necesite. Y en lo que crea hace que Su Espíritu las mueva para el fin con el que las crea.

Cada criatura tiene un fin en Dios. Dios las crea para algo. Y Dios les da a cada criatura una esencia propia, para el fin que Él ve en cada criatura. Por eso, el ángel no es el hombre ni es el demonio. Son tres criaturas diferentes en el Plan de Dios. Tres criaturas con su esencia propia y con un espíritu que rige a cada criatura, que la hace dependiente de Dios.

La criatura, por sí misma, no vale nada a los ojos de Dios. Dios no hace un ángel para que viva su vida angélica. Dios no hace un hombre para que viva su vida humana. Dios no hace al demonio para que viva su vida demoniáca. Ni el ángel ni el demonio ni el hombre han sido creados por Dios para su esencia propia, sino para la Vida Divina, que ni el ángel ni el hombre ni el demonio poseen en su esencia.

Dios pone Su Espíritu en cada criatura para conducir estas tres criaturas hacia esa Vida Divina. Por eso, las tres no se pueden escapar de la mirada divina en ningún momento. Lo que hacen es por el espíritu que Dios pone en cada una de ellas.

Por eso, en la cuestión sexual del hombre, el hombre no hace nada en el sexo sin el espíritu. El hombre goza el sexo y sólo entiende lo que obra con su sexo, y sólo percibe el placer de su cuerpo o el de la otra persona. Pero no es capaz de comprender cómo un espíritu le mueve a obrar en el sexo. Eso el hombre nunca lo va a comprender porque no vive buscando lo espiritual cuando hace el sexo.

Nada en la vida del hombre es sin Espíritu. Todo cuanto hace, cuanto piensa, cuanto desea, es por el impulso del Espíritu.

El espíritu es todo en el hombre, es la cabeza del hombre, es el que rige al hombre. Y el hombre no hace nada en su vida humana que Dios no dirija con su Espíritu. Dios se relaciona primero con el Espíritu. Después, Dios da Su Gracia para que el hombre viva Su Voluntad en su vida humana. Pero antes es el Espíritu que la Gracia.

Por eso, la esencia del Espíritu no es fácil de comprender porque pertenece a la Esencia Divina. Y a Dios nadie lo ha visto jamás. No se puede conocer a Dios con nuestra limitada razón humana. Tenemos conceptos de Dios que la razón alcanza, pero no son suficientes para desentrañar el Misterio de Dios.

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