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La dependencia del hombre a Dios

La razón del Espíritu en las criaturas es su dependencia a Dios.

Dios se da en su Espíritu. No puede darse de otra manera, porque Dios es Espíritu. Dios no es ángel, ni demonio ni hombre. No necesita las esencias de esas criaturas para Ser. Dios se basta a Si Mismo. Y en Dios se da la relación de Personas a través del Espíritu.

Dios se comunica sólo a través del Espíritu. Por eso, cuando Dios habla, Dios da Su Espíritu. Dios no dice palabras humanas ni da sentimientos humanos cuando habla. Dios se da en el Espíritu y en el Espíritu se comunica.

Pero las hablas de Dios sólo son comprendidas por Dios. El hombre no es capaz de entender el lenguaje divino. Para que el hombre comprenda cómo Dios se comunica, Dios se hace entender con la palabra humana. Por eso, cuando Dios habla al hombre, Dios forma en el espíritu del hombre palabras o visiones apropiadas al hombre para que el hombre comprenda lo que Dios quiere decirle.

Dios siempre está hablando al hombre con su Espíritu. Lo que pasa es que el hombre no siempre está atento a lo que Dios le dice. Y, muchas veces, el hombre ni atiende lo que Dios le dice por estar viviendo su vida humana o natural o carnal.

El hombre depende de forma absoluta de Dios. No hay pensamiento, ni deseo, ni obra humana que no dependa de Dios. El hombre no puede escaparse de la acción divina en su vida humana, aunque en esa vida humana sólo haga el mal.

Todo en el hombre es regido por el espíritu humano. El espíritu humano es la cabeza del hombre. No es la mente del hombre lo que guía al hombre en la vida humana. Es el espíritu el conductor de la vida humana. Pero el hombre no es capaz de ver la guía del espíritu, porque vive cerrrado a lo espiritual. Vive en su pensamiento humano, en sus razones, en sus ideas y concibe así la vida, desde su razón. Y no comprende que para pensar adecuadamente en la vida humana es necesario la ayuda del espíritu. No hay pensamiento humano que no sea puesto por el espíritu en el hombre. El hombre cree que su idea es de él. Y, sin embargo, la idea viene del espíritu, que mueve el corazón del hombre para que piense adecuadamente.

El espíritu rige al hombre en todas las cosas, pero no le quita la libertad al hombre. El espíritu guía sin imponer nada. Muestra el camino de la verdad al hombre, pero no le somete a esa verdad. Siempre deja al hombre en su libertad para escoger la verdad. Dios siempre da la luz al hombre, pero es el hombre el que elige la luz que viene del espíritu o la luz que está en su razón.

Con frecuencia, los hombres eligen la luz de su razón y, entonces, dejan la luz del espíritu. El espíritu les sigue guiando, pero ya no obra en el hombre el bien que nace del espíritu, sino que ayuda al hombre a obrar el bien que nace de su razón humana. Ese bien humano el hombre lo hace con su libertad, pero en la guía del espíritu.

Así, siempre el hombre depende de Dios en todo, incluso en el pecado. Porque ninguna acción del hombre está fuera de Dios. El hombre no sabe obrar sin Dios ni siquiera cuando peca.

Este es el Misterio de la Creación, toda ella sostenida por la acción de Dios. Y no se mueve una hoja sin permiso de Dios. Y el demonio no puede hacer ningún mal sin el permiso de Dios.

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