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La persona humana

La persona humana es un ser espiritual. No es un ser carnal ni pertenece al alma del hombre. El hombre es persona por el espíritu que posee, no por su alma o su cuerpo.

Esta verdad no se suele entender así, sino que se confunde la persona humana con su naturaleza humana y quiere verse la dignidad de la persona humana sólo en el plano humano o natural.

El hombre posee una persona sólo para poder relacionarse con Dios. De otra manera, no hay forma de que Dios pueda amar al hombre. Dios ama a la persona humana. Dios no ama la naturaleza humana. La ama en la persona humana.

Dios es Persona. En Su Espíritu hay Tres Personas. Y entre Ellas hay una relación, que sólo Dios conoce. Hay una comunicación entre las Personas Divinas. Dios se comunica a través de la Persona. No puede comunicarse de otra manera.

Y cuando Dios crea a las criaturas, las crea por Amor y, por tanto, para amarlas. Pero Dios ama en las Personas, no fuera de Ellas. Dios no puede amar el cuerpo del hombre ni su alma ni su mente ni su voluntad, ni las obras que hace el hombre. A Dios no le interesa nada del hombre. A Dios le interesa la persona humana. A través de ella, Dios da al hombre todo lo que el hombre necesita para vivir. Y eso que da nace de su amor a la persona humana, no porque ame el cuerpo o el alma del hombre.

Por eso, Dios se fija sólo en el corazón del hombre. En ese corazón Él ha puesto a la persona humana. Y, en el corazón, Dios se relaciona con la persona humana, se comunica con ella, la ama.

El hombre tiene que entender que no se conoce a sí mismo si Dios no le muestra lo que es su persona humana. Porque el hombre, con su razón humana, no puede captar lo que es en sí mismo. Es decir, no se conoce como persona. Conoce lo que hay en su mente, sus pensamientos, conoce lo que hay en su voluntad, sus obras, conoce lo que hay en su cuerpo, sus sentimientos, afectos, obras carnales, pero no conoce lo que hay en su corazón.

El hombre es un misterio para sí mismo, porque no puede entrar en su corazón. No sabe hacerlo desde su razón humana, desde sus deseos humanos, desde sus obras humanas, materiales, carnales. El hombre, por más que piense, por más que obre, por más que vea con sus sentidos exteriores, nunca llega a conocerse , a verse como Dios lo ve.

Dios hace entrar al hombre a su interior y le muestra lo que es. Y lo hace a través del Espíritu. Y sin espíritu, Dios no mueve al hombre a nada. Por eso, el hombre debe procurar en su vida humana ser espiritual, dedicarse a buscar a Dios, a conocerlo, a adorarlo. Si no, su vida humana es un misterio que no puede ser resuelto desde su humanidad.

Los problemas de los hombres, sus angustias en la vida, sus malas decisones en todo el actuar humano es sólo por falta de conocimiento de sí mismo. Si en verdad se conociera, entonces no habría en su vida ningún problema, porque Dios lo llevaría por el camino en que todo problema se resuelve. Dios sabe la solución a cualquier problema del hombre, pero el hombre tiene que dejarse guiar por el espíritu. Si no, no se resuelve ningún problema y todo es una incógnita en su vida humana.

La persona humana es lo propio del hombre que da a Dios lo que Él ha puesto en ella. Si el hombre no conoce su persona, entonces nunca puede dar a Dios nada. Le dará sus pensamientos humanos, sus obras humanas, sus cosas en su vida humana, y no habrá dado nada a Dios. El hombre tiene que conocerse a sí mimso para ser agradable a Dios en su pensamiento y en su voluntad humana. Sin ese conocimiento de sí mismo, lo que hace en la vida es sólo un pasar el tiempo, un entretenerse en hacer cosas. Pero nada más.

Así hay muchos hombres en la vida que se creen inteligentes y ven que hacen mucho bien humano y, sin embargo, no se conocen como personas humanas. Se dicen personas, pero es sólo un vocabulario, una palabra humana. Después, no viven aquello que son en su interior. Y pierden su tiempo y su vida y no alcanzan la salvación, porque no se dedicaron a ver en Dios lo que son en verdad.

Se dedicaron a hacer muchas cosas en la vida. Pero no son las cosas las que definen al hombre. Es la persona lo que define el actuar humano.

El hombre obra en la vida humana porque es persona, no porque sea inteligente o sepa hacer buenas obras.

El valor del hombre está en su persona y lo da su persona. Y sin saber lo que es la persona, nada vale en la vida, la vida no tiene ningún valor, ninguna importancia, porque no se sabe para qué se vive.

El sentido de la vida del hombre se adquiere cuando el hombre se conoce a sí mismo, conoce su persona y ve su corazón. Y entonces comprende para qué vive en la vida, cuál es el plan de Dios sobre su vida.

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