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Las Obras del Espíritu

La vida del espíritu trae consigo unas obras. Porque se vive obrando, no se vive pensando, ni sintiendo, ni haciendo de la vida algo humano o natural o material o carnal.

Toda vida trae su obra. Así, el espíritu obra aquello que vive. Y no puede obrar otra cosa.

Y hay muchos espíritu y, por tanto, hay mucha variedad de obras en el espíritu.

Según sea el espíritu así es su obra. El espíritu de amor obra el amor. El espíritu de la ira obra la ira. El espíritu del sexo obra en el sexo. Cada espíritu es para una obra, porque cada espíritu vive para una obra.

El espíritu no está sin hacer nada, no está no obrando. Siempre obra su vida. Y la vida del espíritu es algo que el hombre no sabe pensar, porque no se puede medir con la razón humana. No se puede ver con los ojos del cuerpo. No se puede sentir con ningún sentimiento humano.

El espíritu obra siempre la vida que vive. Y siempre la está obrando. Nunca descansa, nunca muere en el obrar, nunca cambia de obra. Es siempre la misma obra porque es siempre la misma vida.

Y el espíritu obra su vida en el hombre. No la obra fuera del hombre. No tiene un espacio para obrarla, no tiene un tiempo para hacerla, no tiene un mundo para vivir su vida. El espíritu obra en el hombre y sin hombre no hay espíritu, porque Dios creó al espíritu para el ser humano, para que el hombre aprendiera del espíritu a moverse espiritualmente.

Por eso, la vida consiste en discernir los espíritus y obrar aquello que se discierne. Y se discierne, no con la razón humana, no a base de ciencia humana, no apoyado en alguna medida humana, sino que se discierne en el mismo espíritu.

Porque sólo el espíritu puede dar la inteligencia sobre la obra que realiza en el hombre. El hombre siente los efectos de la obra del espíritu en su ser de hombre, pero no sabe ver la obra misma del espíritu, no sabe entender para qué el espíritu obra eso y las razones por las cuales se obra de una manera en el ser humano.

La vida espiritual no es fácil para el hombre, porque el hombre se encierra en su vida humana y quiere medirlo todo, incluso lo divino, con su mente humana. El hombre tiene que salir de sus medidas humanas para entender al espíritu y comprender la acción de Dios en todo el actuar humano. Y esto es lo que no hace el hombre: no sale de su humanidad, como si su humanidad fuera el centro de todas las cosas.

Las obras del espíritu producen en el hombre un camino en su vida humana, natural, carnal, sexual. Dirigen al hombre hacia un fin espiritual en todas sus cosas. Cada cosa del hombre, así sea su pensamiento, su voluntad, su deseo, sus obras humanas, sus sentimientos, etc., están dirigidas por el espíritu hacia un fin que no lo puede poner el hombre y que el hombre no lo entiende. Sólo lo sabe el espíritu y sólo lo da a conocer el espíritu.

Las obras del espíritu conducen la vida sexual hacia un fin espiritual. No se hace el sexo ni para el placer carnal, ni para unirse a otro, ni para tener hijos, ni para nada humano. Se hace el sexo porque el espíritu obra en cada uno para que use el sexo según ese fin espiritual que no conoce el hombre. El hombre sólo ve que usa el sexo, pero no sabe para qué usa el sexo. Conoce los diferentes fines que en su vida humana hay, pero no conoce el fin espiritual de su vida sexual.

El espíritu va revelando, poco a poco, para qué esla obra de la vida sexual. Pero sólo se revela a quien está abierto al espíritu, a quien ve algo más que sexo en su vida sexual. Los demás siguen en sus cosas humanas y trazan sus vidas de acuerdo a lo suyo humano, sin contemplar la verdad de su vida sexual.

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