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Maternidad

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Sin la maternidad, no existiría la mujer, porque toda mujer se define por ser madre. Es algo que está en ella y que sólo ella sabe comprender y medir. Toda mujer siente su maternidad igual que el hombre siente su placer. Es algo que lleva constantemente en su sexo.

La mujer, en su sexo, busca no sólo un deseo carnal, sino el deseo de un hijo. Son dos deseos distintos y, por tanto, en la mujer hay dos amores distintos: el amor de mujer y el amor de ser madre.

Este deseo de tener un hijo es propio de la mujer, porque el hombre carece de él. El hombre no siente el tener un hijo de una mujer, no siente el impulso de ser padre. No tiene el amor de padre. El hombre primero ve con su razón si es bueno tener un hijo con una mujer y, después, actúa según eso que ve. Actúa movido por su deseo carnal, no por el deseo del hijo.

Pero la mujer no razona este deseo. La mujer tiene este deseo de ser madre, diferente al deseo carnal de mujer. Otra cosa es que la mujer siga o no siga el deseo de ser madre.

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La mujer no está obligada a seguir este impulso de su sexo, sino que debe regirse por su amor de mujer para obrar este deseo o no.

En un mundo donde se desprecia la vida, no es fácil para una mujer buscar un hijo. En un mundo donde predominan otros intereses diferentes a los del amor, y donde se confunde el amor con muchas cosas que no son el amor, el hijo siempre queda como algo que es una carga, como algo que -de forma inevitable- se tiene, y aunque se pongan impedimentos, viene de una forma o de otra.

La mujer, hoy día, no se realiza como mujer, porque quiere no sentir este deseo de su sexo de tener un hijo. Y no puede no sentirlo. Es algo propio de ella. La maternidad define a la mujer. Y una mujer que desprecie ser madre no es mujer.

Y es lo que se ve hoy día: el desprecio de la maternidad, no sólo por el hombre, no sólo por la sociedad, no sólo por la familia, no sólo por las diferentes culturas, sino por aquella que, en su vida sexual, tiene escrito, quiera o no quiera, la maternidad.

Una mujer no puede olvidar lo que es en su sexo. Por eso, su sexo es diferente al del hombre. Y, por eso, la mujer tiene otras miras en la vida que no las posee el hombre.

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La mujer abarca la vida según es su sexo. Quiere lo que quiere su sexo. Quiere una obra con su sexo.

El hombre no quiere su sexo. El hombre usa su sexo para pasar la vida, como un entretenimiento, pero no como un camino en la vida. El hombre no sabe caminar con su sexo. Su sexo sólo le lleva a un placer, y ahí se queda. Y el placer nunca es camino en la vida. Es algo que está en la vida, pero nadie vive de un placer, nadie vive buscando placeres y manteniéndose de eso. Hay que vivir de otra cosa y, después, tener un poco de sexo. Así piensa el hombre.

Pero la mujer no piensa así. La mujer vive de su sexo. Y si está con un hombre, vive del hijo o de los hijos que tiene de ese hombre. Por tanto, la mujer vive de una obra, no vive de un pensamiento. Un hijo no es una idea bonita. Es toda una vida en la que la mujer tiene una parte esencial. El hijo es la obra de la mujer, no su pensamiento. Es la obra de su amor de mujer en un hombre que ella ha elegido para eso.

Pero cuando la mujer trata de anular el hijo de su sexo, entonces, la vida de la mujer es para muchas cosas, pero no para su sexo. Se parece, entonces, a la vida de cualquier hombre. Y se ve al hijo como un impedimento para ser mujer. Y eso supone que se concibe la vida fuera del ámbito sexual de la mujer. La mujer quiere equipararse a la vida sexual del hombre y, por tanto, pierde su vida sexual.

La vida sexual define a cada persona. Y ninguna mujer puede tener la vida sexual del hombre, ni el hombre la de la mujer. No se puede hacer, por más que se piense, por más que se cambien los sexos, por más que se viva como se quiera.

Una mujer es siempre mujer en su sexo, aunque, después, en la vida, desprecie ser mujer, desprecie su maternidad, o tome la vida para un placer o para algo humano.

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El hombre no se plantea este problema de ser hombre, porque su vida sexual es cerrada, no está abierta a algo más. Vive para un placer de su sexo, pero también vive para algo más en la vida. Y este algo más es variadísimo y no tiene que ver con su vida sexual.

Por eso, ser mujer no es fácil en un mundo donde se desprecia el ser de la mujer, aun por la misma mujer.

Eso va haciendo que la mujer se ponga objetivos en la vida diferentes a los que entiende en su vida sexual. Y actúe en la vida como lo hace un hombre. Eso violenta la conciencia de toda mujer, porque no puede vivir otra cosa que lo que su vida sexual le pide.

Y para comprender la vida sexual de la mujer hay que ser mujer. El hombre no sabe comprender lo que siente una mujer en su sexo, porque sólo la ve como un objeto de su placer, pero no la ve como un camino para su placer.

El hombre, en la mujer, da sentido a su vida sexual. Su sexo comienza a valer algo para él. Y si la mujer no quiere el hijo con el hombre, entonces, el hombre no sabe para qué quiere su sexo. Sólo para un rato de placer. Pero eso es ya lo que él vive en su sexo. Si la mujer no da al hombre más que placer, entonces el hombre sólo se queda en lo que es y no sabe para que sirve su sexo.

Por eso, las relaciones de pareja son difíciles. No es fácil ser mujer, y no es fácil para un hombre, acostumbrado a seguir su sexo, someterse a los deseos del sexo de la mujer.

Si no hay sometimiento en el hombre, esa pareja sólo se moverá en intereses que no son los del amor, y no harán una vida de amor, sino una vida interesada en otras cosas y, después, tendrán un rato de cama. Pero ese rato de cama no definirá su relación. Su relación la define otras cosas, porque para eso están juntos: ya sea para ganar dinero, para un poder, para una fama, para una posición social, etc.

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Las parejas se definen por lo que hacen en la cama, no por otra cosa. Y si en la cama, la mujer no es camino al placer del hombre, esa pareja tiene la cama como algo más en la vida, pero no indicará un norte en la vida de ambos. Igual que se está con una persona, se puede estar con varias, y hacer la vida sólo un movimiento para satisfacer el deseo de la carne. Y esa vida no llena a nadie, ni a la mujer ni al hombre.

Hombre y mujer hacen el amor para un fin concreto en la vida, para algo que les da un camino en la vida, que les pone en la verdad de lo que son en sus vidas sexuales. Para eso sirve el encuentro sexual: es un rumbo en la vida, un camino. No es algo más que se hace de vez en cuando, y cuando a uno le apetezca.

Cuando hombre y mujer no saben vivir la realidad de sus vidas sexuales, entonces, se da este egoismo en ambos. Cada uno usa su sexo como le conviene, como le parece, como le gusta, como lo piensa, pero no como lo es en sí.

Y vivr así trae a la vida caminos que llevan a puertos que no son el amor, que no dan la verdad de una vida, que hacen que los hombres y las mujeres vivan un absurdo de vida.

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