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Es la mujer la que da el amor

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El amor de una mujer a un hombre significa para el hombre una vida en concreto. No se puede establecer una relación para algo general en la vida. No se busca a un hombre para tener una familia, porque, para eso, sirve cualquier hombre en la vida. Se busca a un hombre para darle un amor concreto en la vida. Y se busca a ese hombre no a otro.

El amor no son palabras que dice la mujer al hombre, no son sentimientos que siente la mujer hacia el hombre, sino que es hacer con el hombre algo en concreto en la vida.

Por eso, la mujer ve el sexo de una forma diferente a como lo ve el hombre. La mujer entiende el sexo para un amor en la vida. El hombre ve el sexo para un placer en la vida. Son dos fromas diferentes de obrar con el sexo. O se tiene un fin en el sexo, el fin que pone el amor, o se queda el sexo en un placer, el fin del placer carnal, que es siempre algo que se acaba.

El hombre, al buscar a una mujer, no se propone una meta de amor, sino de placer. Puede tener muchas metas, muchos fines, muchas intenciones con esa mujer, pero no sabe en concreto para qué le sirve esa mujer. Sabe que es para un rato de cama, que sirve para tenerle la comida o la ropa lista, o para recibir de ella algún cariño o sentimiento que mate su soledad de hombre. Pero no tiene a la mujer como la que dirige su vida hacia algo. Al contrario, el hombre se esfuerza por dar a la mujer muchas cosas para que se entretenga en su vida y no sea un problema para su vida de hombre.

El hombre no sabe hacer un camino a un matrimonio, ni menos sabe dar un camino a sus hijos. Podrá dar lo material en el matrimonio y a sus hijos, un bienestar humano, material, pero no sabe indicar el camino del matrimonio ni el de los hijos. Porque el hombre no está para eso en una relación. Dios no hace al hombre para que se encargue de poner el camino. Dios hace al hombre para que ayuda a la mujer en el camino que la mujer pone en el matrimonio y en la familia.

Así, la mujer entiende de una forma lo que es una relación de pareja, lo que es un noviazgo, lo que es un matrimonio, lo que son los hijos, de una forma diferente al del hombre. Pero el hombre, con frecuencia, impide que la mujer sea mujer en esa relación o en esa unión.

Muchas mujeres que están con hombres, no saben dar al hombre algo distinto en la vida de ese hombre. Saben hacerle feliz en su sexo de hombre, o en su vida humana, y nada más. Y, entonces, no se sienten mujeres en el hombre. Se sienten una parte de ese hombre, un trozo de ese hombre, que ese hombre usa cuando quiere y como quiere.

La mujer que no sabe ser mujer ante un hombre, sino que se dedica a dar al hombre lo que el hombre quiere, acaba perdiendo a ese hombre. y lo pierde porque no ha sabido imponerse al hombre como mujer.

Se habrá impuesto en su sexo al hombre, lo habrá conquistado con sus encantos femeninos, pero nada más. El hombre tiene de ella su cuerpo, la mujer tiene de él su cuerpo, pero nadie entrega al otro su corazón.

Y cuando la mujer no entrega al hombre su corazón, sólo se dedica con ese hombre a una vida humana, natural, carnal, material y nada más. Y, en esa vida humana, no se puede poner un camino al hombre, porque es el hombre el que decide en todo en lo humano, y la mujer acaba sometiéndose en todo al pensar del hombre, a los deseos del hombre, a los planes del hombre. Es el fruto de vivir para lo humano. Se acaba sometido en todo a lo humano.

La mujer tiene que ser mujer ante un hombre en una relación. Y para ser mujer tiene que mirar su corazón, porque es en el corazón donde Dios pone el amor que la mujer debe dar al hombre. Y dándoselo, la mujer pone un camino y una vida a ese hombre distinta a lo que el hombre vive y anda en su vida.

Pero todo el problema de la mujer es que no sabe mirar su corazón. Sólo sabe mirar sus pensamientos humanos, sus deseos humanos, sus obras humanas, sus problemas humanos, su vida humana.

Una mujer que no sea espiritual, nunca entenderá para qué Dios la ha hecho mujer y para qué Dios quiere de ella un hombre. Nunca sabrá amar a un hombre según el amor de su corazón. Lo amará según otros amores, pero no lo amará como Dios quiere que se ame a un hombre.

Amar a un hombre no es nada fácil para una mujer. Porque el hombre no atiende al amor de la mujer, sino que se queda en el placer que le da la mujer.

Una mujer no ama a un hombre para obtener de él un placer para su sexo. Eso lo consigue de cualquier hombre. Una mujer no se acuesta con un hombre para un rato de cama. Eso, que es placentero, para la mujer es muy pobre, porque su ser de mujer le pide algo más que un rato de cama con ese hombre. Al hombre le basta un rato de cama para expresar el amor a una mujer. La mujer no; la mujer quiere algo más, busca algo más que su ser de mujer le pide: busca un amor en ese homnbre. Poder amar a ese hombre por encima de lo que es ese hombre o de lo que tiene ese hombre en lo humano. Y no es fácil encontrar eso en un hombre que sólo se para en el placer y que sólo busca una satisfacción carnal en su vida con una mujer.

El hombre que ama a una mujer, lo primero que hace es penetrar el corazón de esa mujer y conocerla como es ella. Y hasta que no consigue esto, lo demás no le preocupa, no le llama la atención, porque puede tenerlo en cualquier mujer.

El hombre que ama a una mujer permite a la mujer que le señale el camino de su vida. Y va tras ella como un corderito, porque ha entendido lo que hay en el corazón de esa mujer y quiere darle a la mujer lo que la mujer le pide.

Pero qué pocos hombres son así: disponibles a la mujer. Por eso, la mujer, en una relación, no puede quedarse ante un hombre sin corregirle su desordenada vida de placer y no puede dejar de indicarle el camino para el verdadero placer.

Si no hace esto, es que, en verdad, no le interesa ese hombre, sólo quiere de él lo material, su dinero, lo carnal, su sexo, y que ese hombre le vaya resolviendo los problemas de su vida.

La mujer debe entregar al hombre su corazón. Pero si no sabe lo que hay en su corazón, entonces ¿qué va a entregar a ese hombre? ¿qué camino le va a marcar a ese hombre en su vida? ¿qué será lo principal en la vida de ese hombre que debe ser dirigido hacia la verdad de una relación llevada por Dios?

La mujer es para un hombre que se abre a ella en todo, aun en las cosas más ordinarias de la vida. Ese hombre está abierto al querer de su mujer, y, por eso, ella se entrega en todo al hombre que se la entrega totalmente

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