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Indagar el camino en la mujer

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En la mujer está el camino de todo hombre. No hay un hombre que no necesite de una mujer para caminar. Aun los hombres espirituales, necesitan de una mujer espiritual que les marque el camino.

El camino que una mujer da a un hombre es muy variado. Depende de la mujer. Si la mujer es carnal, la mujer mostrará al hombre el camino de la carne. Si la mujer es para una vida humana, mundana, natural, ése será el camino que muestre al hombre. Si la mujer pertenece al espíritu del mal, entonces obrará de acuerdo a ese espíritu para guiar al hombre. Si la mujer es de Dios, Dios guiará a la mujer para que señale al hombre su camino.

Ningún hombre sabe vivir su vida, ni siquiera una vida carnal, sin mujer. Todo hombre necesita hacer su camino en la vida, pero no puede hacerlo sin mujer. Y la razón es muy simple: así Dios ha hecho al ser humano: hombre y mujer. No sólo hombre, no sólo mujer. Esta razón tan sencilla es la que menos se entiende por el hombre. Y así el hombre vive una vida donde la mujer no es mujer. Y la mujer obra una vida sin el hombre.

Un hombre que pasa su vida apoyado sólo en su ser de hombre y que tiene a la mujer como un objeto sexual o como alguien que le ayuda en su vida, pero que no decide nada en su vida de hombre, es un hombre que no aprecia a la mujer. Verá su belleza física y se detendrá en ella. Verá su inteligencia y la aprpvechará para sus intereses de hombre, pero no dejará que la mujer guíe su vida de hombre. El hombre tiene que dejar que la mujer guíe su vida. Sólo así podrá entender lo que es una mujer.

Hoy la mujer no se reconoce por lo que es en su ser. Estudia, trabaja, gana dinero, es un trofeo para el hombre, pero sigue sin ser mujer. Sigue sin guiar ni la familia, ni la sociedad, ni el mundo entero, ni al hombre. Y esta es la función de la mujer: la que decide en todo lo que debe obrarse. Pero ese conocimiento que tiene la mujer de todas las cosas, no es un conocimiento que nace de su ser humano, de ella como mujer. No se obtiene porque piensa las cosas o porque ve las cosas o por otra razón humana. Ese conocimiento se lo da Dios a la mujer, si la mujer se dedica a obrar en su vida lo que Dios quiere. Si no se da esto, la mujer sigue siendo camino, pero será un camino equivocado para el hombre. Y llevará al hombre por muchas partes y el hombre no encontrará su camino.

La mujer es siempre camino para el hombre, esté o no esté con Dios. Si está con Dios, entonces para el hombre hay un camino verdadero. Si no está con Dios, el hombre se perderá con esa mujer.

La importancia de ver a la mujer como camino es tan esencial que, por eso, muchos hombres se equivocan con las mujeres, porque no ven esto en ellas cuando intentan seducirlas. Cuando el hombre va hacia una mujer para enamorarla, tiene que ver en la mujer un camino distinto para su vida de hombre. Si no ve este camino en ella, entonces el hombre debe esperar a que la mujer le muestre ese camino y no hacer nada con ella. Si la mujer no muestra ese camino, entonces debe buscar otra mujer que le señale el camino de su vida de hombre. Esto es lo que todo hombre debe hacer para elegir una mujer, pero esto es lo que ningún hombre suele hacer. El hombre se queda en la parte sexual de la mujer, en su belleza física, en su inteligencia, pero no indaga el camino en la mujer.

El hombre, para conocer el camino, debe penetrar el corazón de la mujer. Debe estudiar qué es esa mujer y qué quiere en la vida. Y debe estar en ella siempre de forma desinteresada, sin ninguna intención que estorbe para ver el camino. Y, con frecuencia, los hombres se dedican sólo a ver cómo llevan a la cama a esa mujer, pero, en verdad, no hacen nada para comprender la vida de esa mujer. Y la mujer, al final, se siente desilusionada de ese hombre, porque ve que no sabe nada de ella.

Una mujer necesita de un hombre humilde, disponible, para poder marcarle un camino. Porque no es fácil guiar a un hombre, y más cuando el hombre muestra su soberbia, su orgullo, su prepotencia. Por eso, la mujer debe marcar el camino a ese hombre toda la vida. No es sólo al comienzo. Es continuamente, es día a día. Sólo así es posible hacer un camino.

La mujer que no sabe poner un camino a un hombre, es una mujer que no conoce para qué Dios la ha creado y que no sabe de la vida otra cosa que lo que ven sus ojos naturales. Por eso, la mujer que no despierta a la verdad de su vida, es una mujer sólo atenta a lo carnal, a lo humano, a lo natural, pero no a una vida espiritual.

Sólo la mujer es mujer ante el hombre cuando le da un camino a ese hombre. Si no hace eso, la mujer será como el hombre, tendrá los mismos derechos y deberes que el hombre, la misma dignidad del hombre, pero no será mujer. Porque el ser de la mujer es distinto del ser del hombre. En su esencia, es lo mismo, porque tienen una misma naturaleza humanas, pero en su forma, para lo que Dios ha creado a la mujer es distinto a la forma de hombre. Por eso, los sexos son distintos en su forma, pero iguales en su esencia.

Toda mujer que no conozca su forma de mujer, que sólo se quede en lo que ven los hombres de ella, en su cuerpo, en su inteligencia, es que todavía no sabe lo que es su ser de mujer tal como Dios la ha creado.

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