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La verdad de la relación sexual

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Se busca a otra persona por su carne. Esto es lo principal en toda relación. Al principio, no se busca a la persona por lo que es, porque no se la conoce. Sólo se conoce de ella lo que externamente se ofrece. En el comienzo de toda relación, siempre está la parte sexual. Nunca está la parte espiritual.

Hay una atracción de cuerpos, hay un gustarse externamente, pero no íntimamente. Después, se da en la pareja otras formas de buscarse, en la medida en que se conocen.

Esta atracción de cuerpos es lo normal entre hombre y mujer. Es lo propio de la naturaleza humana. Pero la atracción de cuerpos no es signo para conocer si esa persona es el amor de la vida.

Porque si se atiende a sólo esto, entonces cualquier hombre o cualquier mujer valdría para la vida. Y esto no es así. Una relación no se funda en el sexo, en la atracción de los sexos, sino en la atracción de sus corazones.

Una vez que se da la atracción de cuerpos, hay que seguir viendo en la persona qué es lo que ofrece en su espíritu. No sólo como ser humano. No hay que detenerse en los aspectos propios de la persona humana: inteligencia, bondad, belleza, sabiduría, etc., que todo ser humano tiene. No se busca a un hombre o a una mujer porque sea buenos, inteligentes, bellos, etc, sino porque en su corazón está el amor. Luego, lo humano no es signo para empezar algo serio con una persona.

Muchos hombres y mujeres sólo se quedan en lo humano, y en lo humano bueno, para comenzar algo con otra persona. Y lo humano no es camino para conocer a una persona en su interior, en su espíritu, en la verdad de su vida.

Hay muchas personas que mienten sobre lo suyo humano, sólo con el fin de conseguir un rato de cama con esa persona. Se inventan historias sobre la vida y, después, no hay realmente nada. Sólo queda un engaño de la mente, pero no el amor del corazón.

El hombre suele mentir mucho a la mujer para conseguir su propósito con esa mujer. Y la mujer va en busca del hombre sólo con apariencias de ser para ese hombre, pero no con la verdad para ese hombre. Quiere el dinero del hombre, pero no su corazón.

El hombre tiene que descubrir el aspecto espiritual de la mujer para saber elegir la mujer. Y la mujer tiene que ir al aspecto espiritual del hombre para conocer en verdad al hombre.

Una mujer que se detenga en lo humano del hombre, no puede entrar en el corazón del hombre, no sabrá qué es ese hombre y qué quiere en la vida. Y no es fácil conocer el corazón de un hombre porque los hombres tienden a mentir sobre ellos, a esconder sus verdaderas intenciones a la mujer.

A la mujer se le dificulta más conocer al hombre y se queda en las palabras que el hombre le da y, después, cuando se une a ese hombre o se casa con él, descubre lo que es en verdad ese hombre, y ve que no es el hombre para su vida.

Muchos hombres engañan a las mujeres con sus promesas de vida, con sus planes de vida, con su vida humana que ellos deciden y planean como quieren, sin contar con la mujer. Llevan a la mujer hacia donde ellos quieren, y para ello usan cualquier cosa para engañar a la mujer. Después, es la mujer quien sufre todo eso cuando ve que esa no era la vida que ella planeaba con ese hombre.

La relación sexual se debe comenzar cuando se conoce el aspecto espiritual de la persona, no antes. Muchos comienzan antes, cuando se da la atracción sexual o cuando se va conociendo lo humano o natural de la persona. Y, de esa forma, siempre se van a equivocar con la persona.

Porque la verdad de la relación sexual no está en unir los sexos. Muchos van a la cama para experimentar si la otra persona es para su vida según lo que ven en la cama. Hacen la experiencia del sexo, unen sus sexos, cada uno da al otro lo que le pide en el sexo, y, después de un tiempo, deciden si ésa es la persona o no. Primero se experimenta en el sexo, después se elige la vida con esa persona.

Con este planteamiento, se pone el sexo por encima del espíritu de esa persona. Si es bueno en la cama, entonces será bueno en lo demás. Si sabe hacerlo, entonces sabrá hacer una vida. Si su sexo es agradable, si da placer, entonces, la vida será placentera.

Esto es lo que, hoy día, se obra entre un hombre y una mujer. Primero la cama, después se verá lo demás. En este planteamiento, no se llega a la verdad de una relación sexual, porque esa verdad no se circunscribe a experimentar primero lo sexual, a unir los sexos y ver qué sucede después en la vida. Porque de la unión de sexos no nace la unión de pensamientos, ni de deseos, ni de obras, ni de vida. Es siempre, al revés. Primero, se da una unión de pensamientos y, despues, se da la unión de sexos.
Pero, hay que saber buscar esta unión de pensamientos y de deseos entre un hombre y una mujer. Porque esta unión no nace de algo humano, de algo natural. Hay muchos que están de acuerdo en los pensamientos o deseos u obras humanas, pero de ahí no se sigue que deban unirse en el sexo.

Hoy día, se busca a una pareja por esto: porque piensa lo mismo que uno, porque le gusta lo mismo que uno, porque ve lo mismo que uno. Y eso es un engaño más de lo humano. Lo humano no hace la unión de corazones. Es el amor el que produce la unión de pensamientos. Si no hay amor, no hay unión.

Y hoy, hombre y mujer, quieren hacer uniones imposibles porque están de acuerdo en lo que piensan o en lo que gustan o en lo que deciden. Por supuesto, que no en todo están de acuerdo, sino en lo principal de sus vidas. De esta forma, se hacen uniones humanas, que sirven para lo humano, para una vida humana, pero donde no está el amor, el verdadero amor. Habrá otros amores, los que sean: carnales, afectivos, sentimentales, humanos, naturales, etc. Cada uno pondrá el amor como lo entiende, pero no amará a la persona como debe amarse.

Si no se va a la parte espiritual de la persona y no se ve qué relamente quiere esa persona en la vida, entonces es imposible que una relación entre hombre y mujer perdure para siempre. En el tiempo, esa relación no podrám mantenerse, porque nada carnal, nada humano, nada natural, se mantiene, es eterno. Sólo el amor da lo eterno. Pero hay que saber descartar los amores que no son eternos para quedarse con el verdadero amor.

La verdad de una relación sexual lo da el amor espiritual hacia esa persona. El amor que nace del Espíritu y que se da sólo en el Espíritu.

Pero hoy los hombres y las mujeres no sabe buscar este amor en el otro. No saben pedir a Dios la luz sobre esa persona a la cual se sienten atraídas en lo humano y en lo carnal. No saben esperar la respuesta de Dios y, por eso, acaban fracasando en sus relaciones sexuales con esa persona.

El sexo comienza en Dios y termina en la otra persona.

El sexo no comienza en la persona para acabar con una bendición de Dios. Las cosas de Dios no se hacen así. No se puede imponer a Dios la unión con una persona. Hay que buscar en Dios la persona que Dios quiere para unir los sexos cuando Él lo quiera.

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