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Hombre: deseo de lujuria

El hombre sólo sabe moverse hacia una mujer de forma lujuriosa. No sabe hacerlo con el deseo carnal. No sabe poner un límite a ese deseo carnal.

El hombre es más lujurioso que la mujer en el sexo. Porque sólo se concentra en el placer de la carne, pero no sabe atender al amor del corazón.

Un hombre que no sea lujurioso es aquel que no quiere estar con una mujer. Todo hombre que busca a una mujer es siempre con lujuria, no con amor del corazón.

El camino del hombre hacia la mujer es un camino oscuro para el propio hombre. El hombre desea a la mujer, pero no sabe caminar junto a ella. Sabe darla cosas materiales para que la mujer pase la vida entretenida en esas cosas. Pero el hombre no sabe vivir para una mujer. Sólo sabe buscar sexo en una mujer.

Esto es lo característico de todo hombre. Y si la mujer va en busca de un hombre que la ame, nunca lo va a encontrar, porque el hombre, dentro de la mujer, se ciñe a su placer de hombre, pero no a amar a la mujer.

El hombre es muy complicado para la mujer porque siempre está sediento de sexo. Siempre tiene necesidad del sexo. Esa necesidad viene de su lujuria. No puede controlarla el hombre en sí mismo. Una vez que le nace el deseo de estar con una mujer, va tras ese deseo y, si no lo consigue, busca la manera de satisfacer su deseo lujurioso, ya en otra mujer, ya masturbándose, ya en otro hombre, ya en lo que sea que le dé placer.

El hombre sólo sabe mirar a su deseo lujurioso. No sabe ver otra cosa en su sexo. Su sexo le sirve para el placer y vive para el placer y no le importa lo demás, con tal de tener su placer lujurioso.

Un hombre lujurioso se enciende siempre en la carne y vive para la carne. No puede vivir para algo espiritual. No sabe, aunque practique cosas espirituales. Si tiene una mujer que no le ha enseñado a dominar su deseo lujurioso, entonces ese hombre siempre va a vivir en su deseo lujurioso y ninguna práctica religiosa le sacará de ese deseo lujurioso.

Por eso, la mujer debe poner al hombre un camino a su lujuria, para sacarlo de su lujuria. Y esto es lo más difícil para toda mujer, porque el hombre vive para su lujuria, no para la mujer.

Quiere la mujer para su lujuria, pero no la quiere para un amor. Está con esa mujer porque esa mujer le da su vagina, pero no le interesa el corazón de esa mujer. Y hay que sacarlo, poco a poco, de esa ceguera carnal para que comprenda que la mujer es algo más que la vagina.

Pero son pocas las mujeres que sabe hacer esto, porque son muchas las que sólo se contentan con dar un amor lujurioso al hombre, sin llevarlo al amor del corazón.

Son muchas mujeres las que viven para el dinero del hombre y no saben vivir para el corazón del hombre.

Una mujer que ame a un hombre siempre le pondrá al hombre un camino de amor, no un camino de placer. Y, de esa forma, saca al hombre de su deseo lujurioso.

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