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Esterilización

El camino del condón y de la píldora conduce, de forma inevitable, a la esterilización de los sexos. Práctica tan común hoy día que indica una sola cosa: ni el hombre ni la mujer se aman.

Hacer de la vida sexual otra cosa a como Dios la diseñó es el plan del hombre sobre el sexo. Ya el sexo no sirve para dar vida, sino sólo para un gusto en la carne. Ya se concibe la vida como la seguridad de que no hay problemas en cuanto al sexo. Y, por tanto, ya no hay un compromiso para dar una vida, para tener un hijo, para vivir de acuerdo a una verdad que Dios da. Sino que se concibe la vida para un rato de placer, sin ataduras, sin compromisos, sin hijos, sin nada que tenga un valor para Dios.

Y se casan por la Iglesia y deciden la esterilización de los sexos por los muchos inconvenientes en la vida. Y, entonces, ese matrimonio ya no sirve para Dios.

A Dios le sirve un matrimonio en el que pueda poner una vida, un camino para la salvación de hombre y de mujer, que son los hijos. Pero si el hombre y la mujer se cierran a la vida, a los hijos, entonces no puede darse ese camino de salvación por Dios, porque Dios salva al hombre allí donde le llama. Y el matrimonio es para salvar al hombre y a la mujer que deciden unirse en todo para siempre.

El matrimonio, con la esterilización, se cierra al amor que salva, al amor que libera, al amor que sana. Y vive su vida de placeres y nada más. Ya no puede entender ni la oración ni la penitencia que Dios exige en la vida, porque en sus encuentros sexuales ni se da oración y no se puede dar la mortificación de la carne por el bien de ellos y de Dios.

Se hace un matrimonio que recorre un camino extraño a Dios. Y los dos puede ir a misa y confesarse y recibir los demás sacramentos, pero han impedido en ellos el amor de Dios en sus encuentros sexuales. No pueden amar como Dios quiere, porque Dios quiere la vida, no la esterilización de la vida.

Viven una vida estéril porque eso es lo que han buscado. Tienen una obra estéril en su matrimonio y en su familia. Viven para la esterilidad, no para el amor.

El amor nunca es estéril, sino que da fruto permanente. El amor produce amor, no queda estéril.

Pero ellos han decidido no amar. Ya no pueden amar, ya no pueden recibir el amor, porque han impedido para siempre la vida en ellos. Ya no viven para un hijo, ya no se atan a un compromiso eterno. Sólo viven para sus placeres en la vida y van viviendo así con un matrimonio inútil para Dios.

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