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Planificación natural

Pro Vida Planificación natural Fecundación artificial

La planificación de los hijos corresponde a Dios, no a los hombres. Dios da la Vida al hombre y a la mujer y Dios señala cuándo es necesario un hijo para esa Vida.

La Vida no es algo que el hombre comprenda. El hombre vive su vida, pero desconoce la Vida de Dios.

Dios quiere hijos en un matrimonio, pero Dios no quiere cualquier hijo. Los hombres son los que buscan cualquier hijo y de la forma que venga.

Dios planifica los hijos con Su Espíritu, no atendiendo a la vida del hombre y de la mujer.

Dios no mira la necesidad económica del matrimonio, ni las circunstancias en las que viven, ya sean políticas, culturales, sociales, etc.

Dios para dar un hijo sólo ve el corazón de ambos. Y no otra cosa. Y pone en el corazón el deseo del hijo. Es un deseo divino. Y, cuando los dos desean al hijo que Dios quiere, entonces Dios da el hijo.

Dios ha puesto en la mujer un ciclo para la fertilidad. Es un ciclo natural para concebir. Pero Dios no atiende a ese ciclo para dar un hijo. Dios no mide como los hombres que ante la planificación natural se vuelven egoístas en el matrimonio. Y sólo usan el sexo cuando la mujer no es fértil. Lo usan no por amor de Dios, sino por el interés humano de no tener un hijo por las circunstancias que sean en la vida de ambos.

Cuando Dios quiere un hijo da el deseo del hijo. Y no más. Dios no se fija si en ese momento la mujer no es fértil. Dios no se fija en todas las cosas que se suelen fijar los matrimonios para tener un hijo o no tenerlo.

Dios es muy sencillo en su Vida. Y obra sencillamente, de acuerdo a lo que es Él en su Espíritu.

Y Dios quiere la sencillez en los matrimonios, que se dejen guiar en todo por Su Espíritu para que pueda obrarse lo que Dios quiere en la vida.

Pero es claro que los matrimonios planifican sus hijos no buscando la Voluntad de Dios. Y los hijos que tienen no nacen del deseo divino, sino de su deseo carnal, humano, natural. Y sin deseo divino, el hijo no es grato a Dios. Dios lo da, porque Dios es Fiel a lo que ha hecho en el hombre y en la mujer. Pero ese hijo viene cargado con muchas cosas espirituales que ninguno de los dos, hombre y mujer, conocen y que hacen el alma de ese hijo una prisión espiritual en la que se concibe, no el amor de Dios, sino el odio contra Dios.

Ser padre o madre como Dios lo quiere no es fácil en un mundo donde no se busca la Voluntad de Dios. Donde los hijos vienen porque vienen, no porque los manda Dios.

No es fácil buscar la santidad en un matrimonio si los hijos no vienen con el deseo santo de Dios.

Es muy fácil planificar los hijos desde el punto de vista humano, natural, material, económico de la vida. Y entonces se tienen los hijos porque hay dinero, no por otra cosa. No por amor, sino porque conviene en ese momento. Y así se vive para el dinero, no para el amor al hijo. Se buscó al hijo porque había dinero, no porque había un amor al hijo, un deseo del hijo. Y así viven muchos, haciendo sus matrimonios y teniendo sus hijos, pero no son los matrimonios de Dios ni los hijos de Dios.

Y después se quejan que los hijos son rebeldes y hacen lo que quieren en la familia y en la vida. Los padres, cuando tuvieron al hijo, hicieron lo mismo con Dios: fueron rebeldes con Él y se entregaron a vivir su vida humana.

Y la vida humana no agrada a Dios. Sólo lo divino es del agrado de Dios.

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