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Mujer

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La mujer es un ser que ama

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La mujer es un conocimiento que Dios tiene de la Vida. La Vida en Dios es algo tan magnífico que Dios hizo a la mujer para poner Su Vida. Entonces, la mujer está hecha para dar a Dios la Vida. De ella va a depender el nacimiento de otras criaturas. Pero de la mujer va a sacar Dios siempre nuevas criaturas, porque de eso depende la felicidad de la mujer.

Una mujer es un ser que siempre ama. Ama aun cuando no sepa amar. Ama a pesar de no poseer a Dios. Porque el amor que tiene la mujer consiste en hacer feliz al hombre. Esto lo puede realizar una mujer sin estar en gracia. Y entonces le dará al hombre una felicidad natural o carnal. Pero esto es lo propio de la mujer: hacer feliz siempre al sexo opuesto.

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La mujer nunca hará feliz a otra mujer en el cuerpo. Porque la mujer conoce su cuerpo y sabe que lo único que a ella le atrae es lo que posee el hombre en su sexo. Hay mujeres, no obstante, que van en busca de otras mujeres para estar con ellas en la cama. Y de ese encuentro experimentan placer en sus cuerpos. Pero es una felicidad que no las llenan, porque siempre la mujer necesita ser penetrada por algo. Porque esto es su sexo. Su sexo está abierto para ser penetrado. Entonces, cuando no es penetrado por el sexo del varón, la mujer busca otras cosas que suplan al varón. Pero la mujer siempre busca la penetración, aunque esté con otra mujer en la cama.

La mujer es mujer en el sentido que no puede ser varón. Es decir, la mujer no le gusta ser varón, porque la mujer es un ser abierto. Y al varón lo ve como ser cerrado en sí mismo.

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La mujer espiritualmente está abierta a muchas cosas. Por eso, la mujer es más fácil que sea engañada en cosas que no son las de Dios. Pero la mujer, a pesar de esta apertura en su espíritu, no le gusta la función de ser varón. Es decir, no está en ella el gusto del análisis, del razonamiento, etc, que es lo propio del varón. Esto no significa que la mujer no razone, analice, etc. Significa que la mujer por naturaleza es intuitiva, y entonces capta las cosas, no por razonamiento, sino por amor. Y entonces conoce más que el varón.  Al varón lo ve como cerrado, porque el varón antes de actuar tiene que pensar las cosas. Y entonces a la mujer no le gusta esperar para actuar. El hombre tiene que esperar para ver con su razonamiento y así actuar. La mujer, no. La mujer actúa enseguida porque ve, porque capta. Lo que pasa es que no siempre capta bien las cosas y, a veces, se pierde. Entonces, la mujer debe acudir a alguien, en los asuntos espirituales, para discernir eso que capta.

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Entonces, la mujer es mujer porque ama, y entonces ve la verdad en eso que ama. Y la mujer siendo así en el espíritu, es así en el sexo.

La mujer tiene cuerpo de mujer porque ama su cuerpo y comprueba que su cuerpo está hecho para la vida. Y esa vida la obtiene de la penetración del varón. Y así la mujer capta enseguida que sin varón su sexo no tiene sentido.

No así el hombre. El hombre puede tener su sexo no para la mujer, sino para otra cosa. Porque el hombre no capta con facilidad que en él está la vida, sino que con suma facilidad le gusta derramar esa vida fuera de la vagina de la mujer. El hombre se cree en este derecho porque desconoce su sexo.

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Pero la mujer cae en la cuenta antes que el hombre para qué sirve su sexo. Y entonces lo da al hombre. Pero este darlo supone para ella un gran sacrificio, porque ve que el hombre no sabe lo que es su sexo. El hombre utiliza su sexo como un objeto, y no capta el valor de su sexo. Y esto la mujer lo sabe. Por eso, a veces tiene miedo al hombre. Una mujer espiritual generalmente tiene cierto miedo a la penetración del varón, porque ve el deseo carnal en él y no el amor.

La mujer es muy sensible en su sexo. Su sexo no es como el del varón. Su sexo es delicado, apto para la vida. Su sexo es un recinto para el hombre. Pero el hombre debe saber tratarlo.

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El sexo de la mujer está hecho para que el hombre lo posea y viva allí. Pero pocos hombres saben lo que es el sexo de su mujer. Porque pocos hombres conocen lo que es una mujer.

Una mujer es algo más que un cuerpo. Es un espíritu creado por Dios para la vida. Ese espíritu femenino tiene un cuerpo con un sexo característico. Pero ese espíritu posee un conocimiento peculiar que no lo posee el hombre.

La mujer ve, contempla la verdad sin razonar. Ese es el conocimiento de la mujer. Por eso, la mujer es amor. La mujer intuye, no razona. Y, por eso, ama. El que razona no ama hasta que no deje de razonar. Pero el que ama, ama porque ya vió. Y entonces no tiene que darle más vueltas a las cosas.

Muchos hombres no saben lo que es la mujer. Y, por eso, la desprecian porque creen que es un ser sin inteligencia.

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La mujer tiene más inteligencia que el hombre porque ama. Y el amor en ellas les da un conocimiento superior al que da la razón. Pero el hombre está acostumbrado a pensar con su razón, y entonces no ve cómo piensa la mujer.

La mujer piensa con el amor, es decir, con el corazón. La mujer es corazón, no razón. La mujer es siempre un ser abierto al amor en su corazón. Y la mujer se abre en su corazón y se cierra en su razón. Porque la mujer no entiende con su razón, porque ama con su corazón. Y su corazón le hace ver cosas que su razón no penetra. Porque esto es el corazón: una forma espiritual de conocimiento en que todo se ve, pero no se piensa.

La mujer piensa con el amor. Es un lenguaje distinto al lenguaje de la razón. El lenguaje de la razón es complicado. Escoge las palabras, las frases. La razón no ve muchas cosas, porque se apega a fórmulas y leyes que sólo le sirven a ella, pero que no sirven para los demás.

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Sin embargo, el lenguaje del amor es para todo el mundo. Porque es sencillo, porque es útil. El amor utiliza un lenguaje que tdo el mundo entinede. Y entonces el amor penetra allí donde no penetra la razón.

Por eso, la mujer penetra más en el conocimiento que el hombre. Porque el amor es así: va hasta el fondo del asunto. Pero la razón no puede hacer esto. La razón se queda en sus juicios, en sus conocimientos. Y entonces se que da en un laberinto de ideas del que no puede salir. Sólo el amor hace salir de ese laberinto.

Luego, en la mujer hay una joya que muy pocos conocen. Y los hombres no saben apreciar esta joya, porque son muy soberbios.

Los hombres ante la mujer se quedan en la carne. Y les gusta penetrar el sexo de la mujer. Pero cuán pocos hay que penetran el espíritu de una mujer. Porque el hombre no sabe amar. Y el amor es sólo el que penetra. El hombre sólo penetra para buscar un placer, pero no para amar, porque su razón le dice que hay que penetrar. Pero la razón no penetra, la razón distrae del conocimiento.

Sólo el amor da la vida. Y esto es la mujer: un ser lleno de amor para la Vida.

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