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Corazón del hombre

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El corazón de una mujer es un abismo de amor. Ella contempla el mundo desde el amor y obra todo con la fuerza del amor.

La mujer no piensa la vida, como lo hace el hombre, sino que la vive. La mujer no crea la vida, como al hombre le gusta planificar, sino que la transforma. La mujer no produce la vida, como en el hombre se da, sino que la obra.

Una mujer obra lo que es: vida. Una mujer transforma las cosas sin corromperlas. Y una mujer vive aquello que posee en su ser de mujer.

Esto es una mujer pero, ciertamente, las mujeres no son así.

Las mujeres no saben mirar su corazón y, entonces, no pueden vivir de amor. No pueden obrar aquello que son. No pueden transformar ni las familias, ni las sociedades, ni el mundo, porque no son amor.

En la mujer está el camino para todo hombre, pero si la mujer es el amor para ese hombre. Si la mujer, en su vida, es otra cosa que amor, entonces el camino que da al hombre es un camino errado, oscuro, sin luz, lleno de espiritus que no le conducen a la verdad de la vida.

La mujer, antes de buscar a un hombre, tiene que buscar el amor en Dios. Si esto no lo hace primero, nunca va a encontrar al hombre de su vida.

El hombre para una mujer lo señala siempre Dios. Y si en Dios no se busca, entonces la mujer se contenta con cualquier hombre y da a su vida el amor de cualquier hombre.

El amor que toda mujer tiene en su corazón no es cualquier amor. Es un amor que Dios pone, pero que sólo Dios sabe obrar en la mujer si ésta se abre a Él. Y sin la apertura a Dios, la mujer se pierde en otros amores. Sigue siendo amor, pero da un amor falso, ilusorio, que engaña siempre al hombre.

La mujer tiene que aprender de Dios a amar. Y entonces enseñará al hombre el amor. Si la mujer no aprende el amor, siempre va a ocurrir lo que hizo Eva con Adán: le señaló un camino equivocado. Un camino de amor, pero que no le conduce a la verdad de su vida.

Para la mujer es esencial conocer de Dios el plan que Él tiene de su vida antes de unirse a un hombre.

La vida de la mujer no es cualquier vida. Es la Vida que Dios quiere de esa mujer. Es una Vida que integra muchas cosas, incluido el hombre en esa Vida.

La mujer es el corazón del hombre. El hombre no sabe amar sino en el corazón de la mujer. El hombre no encuentra la vida sino en la vida de la mujer. El hombre no sabe obrar la verdad en la vida, sino en la verdad de la mujer.

La mujer es un ser especial que Dios ha creado y que ningún hombre ha sabido valorar como es en sí. Los hombres ven su belleza exterior, pero no saben apreciar el corazón interior de la mujer. No saben dar valor a lo que penetran con sus sexos. Sólo saben usarla como un objeto y menospreciarla en la vida.

Por eso, una mujer que sepa lo que es da al hombre un camino verdadero en su vida y lo hace caminar bajo las alas del amor. Y le da siempre el amor para que aprenda la verdad de su vida.

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