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El éxtasis del clítoris

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El clítoris es el órgano de la mujer para alcanzar su orgasmo.

No es un órgano como el pene, que se endereza, que se pone duro para hacer salir el semen.

Es un órgano que, tocado con precisión, lleva a la mujer al placer de su cuerpo. Ese placer es distinto al placer vaginal.

En el placer del clítoris se da a la mujer el deseo de la lujuria, pero no el amor de la lujuria.

Ese placer lujurioso lo puede conseguir la mujer de diferentes maneras, pero se da a la mujer para que llegue al placer de su vagina.

El placer del clítoris ayuda a la mujer a conseguir su orgasmo vaginal. El orgasmo vaginal sólo se da en la vagina, no en el clítoris. El clítoris es el instrumento para encender a la mujer en el deseo vaginal.

Toda mujer debe usar su clítoris para calentar su vagina. No es algo que está ahí y que, de vez en cuando, se usa, cuando la mujer ya alcanza su orgasmo en la vagina.

En una relación sexual, el clítoris es lo primero que debe ser tocado en la mujer. Se toca y se pone a la mujer en el deseo de la penetración. El placer del clítoris abre el orificio de la vagina y ésta queda dispuesta al pene.

Algunas mujeres se sienten cerradas en su vagina porque no son tocadas primero en el clítoris. Se sienten forzadas cuando el pene entra en su vagina.

Sienten como un temor del pene cuando éste comienza su andadura en la vagina.

La mujer se abre al pene en el clítoris. Es el órgano que induce a la mujer al deseo del pene. Sin este deseo, la mujer no quiere el pene, no le atrae el pene, no gusta del pene.

Algunas mujeres sienten el gusto de acariciar el pene mientras el hombre acaricia su clítoris. Esto ayuda tanto al hombre como a la mujer para la penetración. Porque la unión entre la vagina y el pene debe ser común. Ambos deben arder en deseos de darse, de entregarse, de unirse en los sexos.

El clítoris hace la función de despertador en la mujer. Cuando la mujer, en una relación sexual, está fría, entonces es necesario tocar su clítoris en la penetración. El hombre debe encargarse de eso mientras la penetra. De esa manera, ayuda a la mujer a buscar su placer vaginal, que es distinto al placer que el pene le da en su trabajo en la vagina.

Un clítoris inactivo significa en la mujer una relación forzada, sin ilusión, sin ganas de hacer el sexo. Muchas mujeres sienten esto en sus relaciones sexuales, porque no se han acostumbrado a comenzar en el clítoris. Se comienza la penetración, pero la mujer no arde en deseos de esa penetración. Las prisas por penetrar hacen que la mujer se sienta usada por el hombre, pero no amada por él.

El clítoris indica a la mujer el placer de su cuerpo. Mientras el hombre la penetra, la mujer siente dos placeres: uno, en su clítoris, otro en su vagina. Y son distintos, pero complementarios.

La mujer, mientras el hombre la está penetrando, puede derramar un líquido por efecto del placer de su clítoris. Ese líquido no es el orgasmo de la mujer. Es el líquido de su cuerpo obtenido por el placer en su clítoris.

Por tanto, la mujer debe seguir en la relación para conseguir el placer vaginal, el orgasmo que viene de la vagina, no el que viene del clítoris.

Cuando se da el placer del clítoris, entonces el placer vaginal está cerca. Y hay que seguir buscando este placer hasta encontrarlo.

Lo que derrama la mujer en su clítoris no es como el hombre cuando derrama su semen. El hombre llega a su orgasmo al derramar su semen. Pero la mujer, no. La mujer llega a su orgasmo en la vagina, no en el clítoris.

La mujer se deleita derramando ese líquido, porque es un placer de su cuerpo, pero el deleite de la vagina es mayor que el deleite del clítoris.

Es fácil llegar al deleite del clítoris, pero es difícil alcanzar el deleite de la vagina. Cuando la mujer se queda en su deleite del clítoris no sabe llegar al deleite de su vagina. Es un error pararse porque la mujer se derrama. Hay que seguir, porque ese derrame anuncia un placer mayor.

La mujer, en su cuerpo, no es como el hombre. El hombre vive para derramar su semen. La mujer vive para alcanzar su placer vaginal, no para derramar un líquido corporal.

El hombre hace el sexo para vaciar sus huevos de su leche. La mujer hace el sexo para ser en su vagina un acto de amor, una obra de amor, un sentido de amor. Y sólo lo logra llegando a su placer vaginal. Ahí se da cuenta la mujer para qué sirve su vagina. Ese orgasmo que experimenta la mujer en su vagina es sólo propio de ella, no lo puede conocer el hombre, no lo sabe dar el hombre con su trabajo en la vagina. Sólo la mujer sabe alcanzarlo ella misma.

El clítoris da a la mujer un éxtasis en su cuerpo, pero no le da el amor de su vagina.

En el clítoris la mujer se queda a las puertas del orgasmo, pero no es el fin del camino.

Ese éxtasis es dulce para la mujer, pero no es un descanso para ella. El hombre, cuando derrama su leche, descansa. Pero la mujer, cuando derrama su líquido, quiere más, no encuentra en ese derrame un descanso en el placer sexual. Es un derrame para un orgasmo que todavía hay que encontrar.

La mujer está hecha para el amor, no para el derrame de un líquido. El hombre está hecho para derramar solamente. El hombre hace su función en la mujer derramando. Pero la mujer cumple su función llegando al orgasmo de su vagina.

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