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Sexualidad

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La vida sexual no es materia de la ciencia humana, sino que debe ser resuelta en Dios.

Con frecuencia, los hombres van buscando en la ciencia soluciones a sus problemas con el sexo. Y así ven el sexo desde el punto de vista físico, carnal, material. Y creen que la adecuada solución a su problema está en esa visión.

Si el hombre no sale de sus visiones tan limitadas sobre el sexo, nunca comprenderá la importancia de la vida sexual en su vida humana.

La vida sexual marca a toda la persona, no sólo las obras de los hombres, no sólo sus pensamientos, no sólo sus voluntades, sino que hace de la persona un fin para esa vida sexual.

La persona humana, usando el sexo, pone un objetivo en su vida humana. Objetivo que sólo el sexo lo puede poner. Objetivo espiritual, no humano, porque la vida sexual es una vida espiritual. Es un espíritu el que guía esa vida, lo crea o no lo crea el hombre. Lo conozca o no lo conozca el hombre. El espíritu trabaja en el hombre así el hombre no sienta su acción.

La vida sexual hace de la persona un objeto del espíritu. Y, por tanto, la persona usa su sexo según el espíritu. Obra en el sexo según el espíritu. Hace las cosas que hace en el sexo según el espíritu.

La sexualidad es un acto espiritual, no humano. Es el hombre el que obra con su carne eso que hace. Pero es guiado a hacer eso por el espíritu, según la obra de un espíritu.

La sexualidad es marcadamente un acto de amor o de odio. No puede darse las dos cosas al mismo tiempo. O el sexo lo rige un espíritu divino o el sexo lo rige un espíritu demoniáco. Pero los dos juntos no pueden darse. Y cada espíritu rige a la persona o por el camino del amor o por el camino del odio.

En estos caminos, el hombre obra en la carne. Y no sabe el camino. No sabe distinguir entre el amor y el odio. Porque sólo siente los placeres de la carne, los sentimientos hacia la otra persona. No siente el odio que pone el demonio en ese camino. Sólo siente el agrado de la carne.

Por eso, la sexualidad de la persona no puede comprenderse desde el hombre. Los homosexuales, las lesbianas, los distintos actos en contra de la naturaleza en el sexo por el hombre, no son cosas de los hombres. No es que se nazca de una manera, no es que se viva de una manera, no es que se obre según las necesidades del cuerpo. Es un espíritu el que está detrás de la persona y la obliga a ser lo que es: ya homosexual, ya lesbiana, ya haga cualquier acto en el orden sexual.

Pero los hombres no ven el espíritu que les guía. Es más, ni creen en él. Sólo ven sus vidas humanas e intentan resolver eso que ven en sus sexos de una forma científica, psicológica, psiquiátrica, material, natural, etc.

Y ningún hombre es capaz de resolver la vida de un homosexual o de una lesbiana, porque es una vida que nace de un espíritu. No nace de la mente del hombre. El hombre, con su mente, se acomoda a esa vida y le gusta esa vida. Pero no ve más allá de su mente.

Hoy las personas no saben vivir su sexualidad porque han puesto al hombre como el centro de todo en sus vidas. Y no se dan cuenta que el centro de la vida de cada hombre es el espíritu. El espíritu rige a cada hombre y cada hombre obra en su vida según el espíritu que le mueve.

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