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Amor sexual

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lamujeryelhombre

La unión entre un hombre y una mujer es algo más que un encuentro de carne. Supone dar al otro lo que su vida sexual es.

Muchas mujeres sólo dan su carne al hombre, pero no saben dirigir al hombre hacia algo más que un placer carnal. Y muchos hombres sólo buscan el placer de su carne, pero no saben pedir a la mujer algo más que su satisfacción carnal.

La mujer, en su sexo, desea el amor. El hombre, en su sexo, desea el placer. Son dos deseos distintos y cada uno se mueve en ese deseo.

El hombre no sabe desear el amor antes de estar con una mujer. Empieza a desear el amor después del deseo de la mujer, una vez que ha cumplido ese deseo.

Pero la mujer sabe desear el amor, sabe ver algo más en un encuentro sexual. Pero las mujeres no saben guiarse por ese deseo, sino que prefieren quedarse en el deseo carnal.

La vida sexual de una mujer es distinta a la vida sexual de un hombre. Una mujer desea ser madre, desea la maternidad, aun antes de estar con un hombre. Este deseo no lo tiene el hombre ni lo puede experimentar, ni sabe lo que es aunque lo piense con su razón. Ser madre es un movimiento del amor hacia un ser que nace en lo más íntimo del ser de la mujer. Ser madre es algo propio de la mujer, algo que define a la mujer.

Por eso, hoy las mujeres no son mujeres, porque rechazan la maternidad, rechazan este deseo propio de ellas. Y si una mujer rechaza lo que es, después, en el encuentro sexual con un hombre, no puede guiar a ese hombre al deseo de un hijo, porque ella misma no lo quiere, no lo desea.

Hoy el amor entre un hombre y una mujer lo limita tantas cosas que no pertenecen a la vida sexual del hombre y de la mujer.

Estamos ante relaciones sexuales para un tiempo, según circunstancias, momentos de la vida, que sirven según los deseos de cada cual, pero que después no perduran, no sirven para una vida, para caminar con un objetivo específico en la vida.

Hombres y mujeres se buscan sin ser lo que son en sus sexos, en sus vida sexuales, creando ellos mismos sus vidas sexuales apoyados en muchas cosas que no pertenecen al sexo.

Los hombres y las mujeres deciden unirse sólo por motivos humanos, naturales, circunstanciales de la vida, pero no por motivo del amor sexual y, por supuesto, no por un motivo espiritual del sexo.

Hombres y mujeres tienen hijos sólo atendiendo a circunstancias propias de lo humano, pero no por el deseo del amor. Hoy no se sabe desear a un hijo. Hoy el hombre impone el hijo a una mujer, y la mujer rechaza los hijos ya sea por el trabajo que realiza, ya por la situación económica, ya por otros motivos que no tienen nada que ver con su vida sexual.

La mujer sólo tiene que ver su ser de mujer para conocer el deseo del hijo. No debería atender a otras cosas. Pero no suele hacer eso, porque no sabe mirar su ser de mujer.

Hombres y mujeres sólo ven lo exterior de la vida, lo superficial de la vida, pero no saben apreciar lo que cada uno lleva en su interior y que les define como son en la vida.

El amor es una obra de dos que se conocen en lo que son y obran en consecuencia. No es una obra que dos se inventan en la vida. No es para formar un camino o experimentar algo nuevo o dedicarse a un tiempo de placer.

El amor sexual está inscrito en el hombre y en la mujer desde siempre. Pero cada hombre y cada mujer debe conocer su sexo, su vida sexual, para poder obrarlo como es.

La vida sexual no se limita por la vida humana o por la vida natural o carnal o espiritual de la persona. La vida sexual tiene su propio límite, que debe ser conocido por la persona.

En la vida de los hombres hay muchos limites que los hombres ponen porque desconocen la verdad de lo que son. Y son pocos los que se aventuran a vivir sin los límites que otros, por conveniencia, por razones egoistas, ponen a la vida.

Ser madre o ser padre no lo decide el dinero, ni el trabajo, ni la inteligencia, ni la posición social de la persona, ni la ciencia, ni ninguna otra cosa humana.

Ser madre o ser padre lo decide la misma persona en su vida sexual. Es en su sexo dónde encuentra la verdad de esa obra, que debe ser una obra de amor, no una obra según las circunstancias de la vida, según los deseos de otros, según las razones de cualquier otro.

Si una mujer o un hombre no saben vivir su sexo, entonces atenderán a otras cosas para dar a sus sexos lo que sus sexos rechazan. Porque no se vive el sexo con razones humanas, con la ciencia, con la técnica, con procedimientos psicológicos o psíquicos,etc., sino que se vive el sexo con el mismo sexo. No hay otra forma de vivirlo: obrar lo que hay en cada uno.

Pero hoy las relaciones de pareja, las uniones, los matrimonios, están fundados en otras cosas, que valen para una vida humana, pero que no valen para una vida sexual propia de cada persona.

Por eso, como hoy el sexo se ha hecho algo tan inestable, las relaciones de pareja, los matrimonios, no duran. Y, aunque en la vida humana todo vaya bien, sea sólida por el trabajo, el dinero, la posición social, etc., sin embargo, son muchos los que ven que su vida sexual se acaba pronto, se limita por muchas cosas que no tienen ninguna importancia para la vida.

El amor no tiene límites en su obra. Nadie lo puede limitar por sus razones o sus obras humanas, científicas, técnicas, etc. Porque el amor no depende del hombre, no se ata al hombre, no está dando vueltas a la vida de los hombres.

El amor está en el corazón y sólo en el corazón se puede vivir aquello que quiere el amor.

Si hombre y mujer no atienden en sus vidas sexuales al corazón, no sabrán nunca darse ni en el sexo, ni en lo humano, ni en lo carnal, ni en lo espiritual.

La vida sexual es para unir algo más que carne, es para ofrecer al hombre un camino para que realice lo que es en su interior. Y si no se realiza, entonces, por más que se viva humanamente, por más que se obre humanamente, la persona ve algo que nunca se ha realizado en su interior, y que tiene que ver con ella misma, no con un aspecto exterior de su vida humana.

Una mujer que decide ser mujer entonces siempre va a poner al hombre un camino para su vida sexual. Y un hombre que decide ser hombre, se someterá en todo a lo que la mujer ponga en ese camino. Esto es lo que cada uno siente en su sexo. Pero es difícil vivirlo, porque la misma mujer y el mismo hombre no atienden a lo que son en su sexo, sino que limitan su sexo por cosas que no pertenecen al sexo.

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