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Exigencias de la vida sexual

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En la relación de pareja se debe observar primero la vida sexual del hombre y de la mujer.

Con frecuencia, las parejas circunscriben esa vida sexual a su vida carnal, a lo propio de los deseos de la carne. Y la vida sexual no es la vida carnal, porque el sexo pertenece a una persona inteligente, que puede guiarlo según su razón y deseos no carnales, sino humanos.

Pero la vida sexual no es tampoco una vida humana, no está limitada por la razón humana, porque el hombre no es sólo hombre, sino que tiene un espíritu, que le hace tender hacia otro nivel diferente a lo humano.

Las relaciones de pareja se toman según la vida humana y según la vida carnal de hombre y mujer, pero no se elevan a algo más, que hombre y mujer tienen en su ser.

Ese algo más significa ordenar esa vida sexual según el espíritu, que es el que da la verdad de la vida sexual.

Un hombre y una mujer que no sean espirituales, sino que todo lo ven desde lo humano, natural, carnal, material, sentimental, entonces, no podrán comprender las exigencias de su vida sexual, que se mueve por coordenadas que no sabe el hombre.

La vida sexual pertenece a la persona que vive un espíritu, y hace de esa vida sexual un camino para todo lo suyo humano, natural, carnal, material.

Un hombre que sabe comprender su sexo no se va a limitar a buscar una mujer para un rato de cama, para un placer, para satisfacer sus deseos carnales. Esto es lo que hace un hombre carnal cuando busca a una mujer. Ni, tampoco, va a plantear su vida según coordernadas humanas, según planes humanos, y busca a una mujer porque él tiene dinero o posición social, o porque puede dar a esa mujer algo estable en lo humano. Esto es lo que el hombre suele hacer en su vida humana al buscar una mujer: elegir una mujer para sus hijos, para su vida humana. Pero no elige una mujer para un camino espiritual en la vida.

El hombre que sabe lo que es su sexo es lo que busca: un camino espiritual para su sexo. Porque al ser su vida sexual dada al placer, en el placer no hay camino. Hay muchos caminos que dan al hombre la solución de su placer, pero no le dan un fin específico en la vida. Porque la vida no consiste en el cumplimiento del placer, sino que es algo más.

Este algo más, el hombre debe buscarlo en una mujer, que le enseñe el camino del verdadero placer para su sexo. El camino en el que ese placer tiene sentido para la vida del hombre.

Los hombres buscan a una mujer y, después, sienten un vacío en su vida. Porque sólo han buscado la alegría del placer, pero no han buscado la felicidad del amor. Se han quedado en el placer, pero su corazón ha quedado vacío, porque no han encontrado el amor.

La vida no es para un placer, sino para un amor. Y hoy los hombres y las mujeres se centran sólo en eso: en el placer. De esa forma, no comprenden su vida sexual, no saben vivirla para lo que ha sido hecha.

Una mujer necesita buscar a un hombre que quiera algo más que un poco de cama, de placer, que no se contente con una vida humana, sino que busque en la vida algo más que lo que su razón entiende.

Las mujeres han perdido el sentido espiritual de sus vidas y eso es lo que buscan: una vida humana, como la busca un hombre. Y la mujer está hecha para dirigir al hombre hacia el amor. Amor que el hombre confunde con muchas cosas, porque sólo está centrado en su humanidad o en su carnalidad.

Pero hoy las mujeres quieren ser como los hombres en todo, aun en el sexo, y pierden así su vida sexual. Las mujeres se han vuelto carnales, materiales, humanas, naturales. Y así el hombre no encuentra el camino para algo más en la vida.

La mujer que no sabe poner un amor al hombre, sino que le da placer tan sólo, le da aquello que contenta a un hombre, pero que no le llena, entonces su vida sexual se transforma en la vida de carne y para la carne. Vida de sentimientos y de deseos carnales, que ciegan tanto a la mujer como al hombre en la vida humana.

Una mujer que no sabe sacar al hombre de su vida humana, de sus planteamientos humanos de la vida, de su punto de vista humano, entonces su vida sexual queda esclavizada por los deseos carnales del hombre y sometida al placer del hombre. Y, en la vida humana, hace lo que el hombre quiere y propone. No es una mujer que dé al hombre el sentido de lo espiritual, para dirigir la vida humana por ese camino del espíritu.

Muchas mujeres buscan hombres para un momento o para siempre, pero que sean hombres que les resuelva la vida en el aspecto humano. La mujer que vela por lo humano, ya no vela por el amor. Porque el amor no está en lo humano, no nace de lo humano. No porque se tenga un trabajo o un dinero o una posición social o algo estable en la vida, ahí debe empezar el amor a un hombre. No se busca el amor a un hombre porque lo que posea ese hombre en lo humano. Se debe comenzar el amor a un hombre porque ese hombre está abierto a una vida espiritual.

Pero las mujeres descuidan este aspecto espiritual cuando eligen a un hombre, cuando quieren una vida con un hombre, y entonces no realizan con ese hombre lo que su vida sexual les pide.

Por eso, los hombres y las mujeres que se conforman con lo humano, aunque sea con las cosas buenas humanas, ciñen lo sexual a lo que ven o a lo que sienten, y no saben proyectarlo a una vida donde el amor es el centro de todo. Y así no encuentran al amor de sus vidas.

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