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Se vive para un sexo

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elamornaceenlaverdad

La vida sexual de la persona está definida sólo por su sexo. No se define por el estilo de vida que lleve en su vida humana. Una persona es persona por su vida sexual.

Así, el hombre es persona por el uso que hace de su sexo en una mujer. Y la mujer es persona por el uso de su sexo con un hombre. Se use o no se use el sexo, la persona después forma un estilo de vida, busca unos estudios, un trabajo, una forma de vivir.

No se vive la vida sexual porque se tenga una posición social o una posición económica o una carrera universitaria, o lo que sea que se tenga en la vida. Se vive la vida sexual porque se usa el sexo o no se usa el sexo.

En el principio de la persona está el sexo, no el dinero, los conocimientos, la fama, el poder, etc. No es lo exterior de la vida lo que define a la persona, es lo interior de su vida sexual.

La vida sexual es la persona que vive para un sexo. Y vive sin más. La persona no puede vivir sin sexo. Necesita el sexo para ser persona. Hay una unión sustancial entre la persona y el sexo.

El sexo no es sólo el órgano corporal. El sexo es toda la persona humana, que incluye su alma y su cuerpo. Dios crea un alma para el hombre y un cuerpo para el hombre. Dios crea un alma para la mujer y un cuerpo para la mujer. Dios no crea un alma para un hombre y un cuerpo de mujer, ni un alma para una mujer y un cuerpo de hombre. Dios crea un hombre y una mujer. Dios no hace en la naturaleza humana algo confuso, algo que el hombre, después con su ciencia y técnica, puede cambiar. Lo que Dios crea desde el principio eso es la verdad de la naturaleza humana. Dios no se equivoca con ningún hombre ni con ninguna mujer. Son los hombres y las mujeres, al querer cambiar sus sexos, los que no aceptan la creación de Dios sobre ellos.

La sexualidad de la persona no se puede transformar por el hombre. No admite cambios, porque la persona está unida de forma sustancial a su ser de hombre. El hombre no es capaz de cambiar su sexualidad. El hombre sólo es capaz de quitar o de poner un órgano sexual en su cuerpo. Pero, por más que cambie la carne, la persona sigue siendo lo que es cuando fue concebida en el seno materno.

Esta verdad de la sexualidad, hoy día, no es seguida por el hombre, porque no vive su vida sexual. Ha puesto en su vida sexual otras cosas que no pertenecen a esa vida sexual y que le hacen cambiar su personalidad.

La persona cambia cuando no vive su vida sexual tal como la diseñó Dios para ella. Entonces, se produce un cambio en su forma de vivir su sexo. Pero sigue siendo, en la vida sexual, hombre o mujer. Cambió su forma de entender el sexo, pero no el sexo.

Cuando el sexo sólo se quiere comprender desde lo humano, entonces no se ve su realidad, no se atiende a su verdad, el hombre sigue su pensamiento humano, pero no sigue su vida sexual. Y pretende con su pensamiento humano implantar una forma de vida para su sexo y para su persona. De ahí surge el homosexualismo y el lesbianismo. Son un producto del hombre que no acepta su vida sexual. Pero la raíz de ese planteamiento del hombre sobre su sexo es una raíz espiritual.

Es siempre un espíritu el que está detrás del homosexual o de la lesbiana. Un espíritu que hace que ese hombre o esa mujer viva de esa forma y no de la forma como Dios los creó.

Ningún homosexual, ninguna lesbiana es una persona que tenga una enfermedad. Y, por tanto, ningún psicólogo, ningún psiquiatra, ninguna medicina, puede solucionar ese problema. Porque es un problema espiritual, no es científico ni técnico ni filosófico ni psiquiátrico ni médico.

Se es homosexual o se es lesbiana porque se quiere, no porque se nace con ello o porque se siente la vida de otra manera. La persona concibe en su mente el vivir de esa manera y lo obra. Y lo concibe con la ayuda de un espíritu que la empuja a realizar esa vida. No lo concibe porque su mente esté enferma, porque esté rota, porque se volvió loca.

El homosexual y la lesbiana son personas muy sanas, muy cuerdas, saben lo que están pensando y quieren aquello que piensan con toda su libertad. Y, por tanto, construyen su vida de acuerdo a ese pensamiento. Para los demás, puede resultar extraño, loco, sin sentido, etc. Pero para ellos no. Porque no se vive en la vida de lo que piensan los demás, de lo que hay en el pensamiento de ningún médico, de ningún psiquiatra, de ningún científico. Se vive en la vida de un espíritu que obra siempre en el hombre y que le conduce siempre a un estilo de vida.

Así es y así ha sido siempre desde que Dios creó al hombre: con un espíritu y rodeado de un mundo espiritual que no conoce, pero que está ahí.

Se es hombre o se es mujer en la vida porque Dios quiere, no porque está en la voluntad del hombre. Nadie puede arrancar de sí lo que Dios ha creado. Sólo se puede vivir de otra manera en eso que Dios ha creado.

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